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Y para celebrar la victoria en esta pequeña gran batalla provisional, transcribo (en honor a lo sperros guardianes de "la ciudadanía") esto que Cynthia Marín ha escrito en "Cádiz Rebelde":
Es difícil saber la sensación que deben tener estos personajes cuando por la noche despiden a sus hijos con un beso de buenas noches y un hasta mañana, y a las pocas horas tienen que salir de las furgonetas blindadas, armados y con cara de odio, prestos a excitarse al ver que al otro lado hay unos terroristas despiadados, vestidos con monos azules y pidiendo carga de trabajo para los astilleros.
Es fácil saber que jamás van a pensar (un verbo demasiado complejo para conjugar) en las razones por las que sus jefes no los envían jamás a disolver una reunión de empresarios donde se habla de cómo aumentar la explotación, de cuánta gente echar, de las últimas comisiones en dinero negro, o de cómo canalizar inversiones a zonas donde el beneficio sea mayor porque las condiciones de los trabajadores son peores.
Es difícil saber la sensación que tendrán al volver a sus asientos en la furgoneta, después de disparar balas de goma y comentar con el colega, que esta sí ha debido impactar en la cara de un terrorista que corría a esconderse, el muy canalla, en la fábrica, y que con un poco de suerte lo deja tuerto y en el Hospital una semana.
Es fácil saber qué intereses representan y a quien defienden cada vez que levantan la mano con una porra o disparan. La lealtad que juran a la autoridad, a sus jefes, lleva implícita la prohibición de dudar. La complicidad de una sociedad anestesiada parece suficiente, el resto lo ponen unos euros y unas loas desde algún medio de incomunicación afín.
