lunes, mayo 31, 2004

el palacio en llamas de Wu Ming

Estos artesanos de la narración participan en la guerra de metáforas con un lenguaje del entusiasmo; participan en la lucha en el terreno de las significaciones, en el combate entre el vaciado de contenidos de la banalización mediática, la propaganda de guerra o el lenguaje empobrecido que imponen muchas multinacionales y la polisemia fecunda de las narraciones míticas políticamente orientadas, desde el laboratorio político que es Italia en estos turbulentos años de globalización y guerra.
Wu Ming no necesitan renunciar a su autonomía, ni ser forzados a encerrarse a sí mismos en un entorno “underground”, que demasiado complacido se regodea en la marginalidad. Son parte de la multitud que protesta, que lucha por la transformación revolucionaria del mundo. Es la labor de estos escritores una lección gramsciana sobre la lucha por la hegemonía en la cultura popular, conquistada trinchera a trinchera con imaginación, creatividad, lenguaje, guerrilla de la comunicación, cualidades de autoorganización y copyleft en un mundo en guerra preventiva para preservar la paz económica de los poderosos. Contra ellos, una vez más, nosotros las multitudes nos rebelamos.


David Franco Monthiel en www.rebelion.org free porn download horarios dios verdad

señoras y señores: la gran pepa parra

Maestra Pepa, señora de los verbos, dama enorme del prodigio y de la música, princesa encendida del verso y la sonrisa, emperatriz de las agujas de cristal helado, zarina sin corona de los aires, enséñanos a abrir el corazón para cantar como tú cantas, danos luz para nuestros dedos y un viento dulce que inflame nuestros oídos... Mas líbranos de todo mal. Amén.

Nadie sabe qué músicas se debaten debajo
de la carne o del sueño.
A veces, cuando duermes,
apoyo la cabeza en tu regazo
y escucho el remolino de tu sangre, los ruidos
de la selva que encierra tu piel como un secreto.
Un viento te recorre por dentro, despertando
un bullicio de hojas e insectos. Suben voces,
crujidos en la hierba, y alas frágiles
surcan el cielo tibio de tu vientre:
mariposas de agua y de torrente, azules
libélulas, alondras de líquido plumaje.
Y nadie sabe.


de Josefa Parra

viernes, mayo 28, 2004

es un hombre que va arrastrando los pies

Es un hombre que va arrastrando los pies por la calle. Ha llovido y hay charcos grises sobre el adoquinado. Se cubre los pies con dos bolsas de plástico amarillo amarradas a los tobillos con unas cuerdas. Camina despacio camino de ninguna parte. La mañana es como un enorme tetrabrik de vino barato que está por estrenar. Antes tenía unas botas que alguien le había dado. Abrigaban y libraban sus pies del frío, pero hace sólo unos días que se las robaron.
Camina con la mirada apuntando al frente, que es como camina la gente que está perdida en las rotondas de la vida. Aún es joven aunque se está haciendo viejo con rapidez. Llevamos ya años viéndolo envejecer y él nos ve envejecer a nosotros. Ha sido una mala noche porque se ha mojado en mitad del sueño y ha tenido que mover el sucio colchón hacia otro lado. De momento, aquella casa en ruinas le sirve de cobijo. Sabe que la van a tirar. Ya se ha enterado. Pero ya encontrará otro sitio. Está acostumbrado a cambiar de casa constantemente, una perpetua mudanza en la que apenas arrastra de un sitio a otro las pocas cosas que posee y que ninguno alcanzamos del todo a imaginar. Su exiguo patrimonio. Lo más valioso. El pequeño gran tesoro que arrastran los lázaros del mundo.
Esta noche ha llovido pero ahora está empezando a salir el sol y la calle se va llenando de gente apresurada que hace sus cosas y de coches que paran y pitan y de furgonetas que abren sus fauces y vomitan cosas frente a los comercios y de niños que van dormidos al colegio y de obreros con chalecos verdes que abren la calle... la ciudad, en fin, que despierta a otro día más que todos sabemos igual al de ayer y al de mañana.
Y él camina hacia el súper con la calderilla y compra su desayuno, abre el cartón con los dientes y se sienta al sol sobre el escalón de una casapuerta. Da un trago largo. Y luego entorna los ojos y, paladeando el primer trago de vino, piensa que quizás seamos todos nosotros, pasando a su lado sin mirarlo, quienes estamos viviendo una vida equivocada.

voy a cambiar de ordenador

Risueño de ingenuidad, quise actualizar un poco éste que tengo y me convencieron de que era más eficaz y casi más barato tirar esta vieja maquinita ya prehistórica y comprar uno nuevo de "última generación" o algo así. Y el consejo era, además, franco y sincero: Tirar "éste" (caduco en apenas unos años: entonces, al comprarlo, era ya de esa llamada "última generación") y comprar "otro".
Hoy, el azar ha puesto en mis manos estas palabras:

El objeto que fue espectacularmente prestigioso se torna vulgar en cuanto entra en casa de un consumidor, porque en ese mismo momento entra las casas de todos los demas consumidores. Revela entonces (cuando ya es demasiado tarde) su pobreza esencial, que procede de las miserables condiciones de su producción. Y para entonces ya ha aparecido otro objeto que se ha convertido en justificación del sistema y que exige ser reconocido (...) Aquello que impúdicamente afirmaba su excelencia definitiva es sustituido, tanto en el espectáculo concentrado como en el difuso, de modo que lo único continuamente permanente es el sistema

De Guy Debord en La sociedad del espectáculo

jueves, mayo 27, 2004

manual de lecturas rápidas para la supervivencia

Una página con palabras que nos ayudan a sobrevivir
Textos como este en la biblioteca virtual.

EL PROBLEMA AHORA
es que hay muchos vigilantes
y pocos locos.
El problema ahora
es que la jaula está
en el interior del pájaro.


De David Eloy Rodríguez de Miedo de ser escarcha

lunes, mayo 24, 2004

memento mori

Una bitácora ácida,interesante y, por momentos, estremecedora. Poesía, filosofía, existencialismo y un toque de malsana ironía desde el sur del sur. De muestra, un fragmento casi al azar:

El Sol es una biblioteca. Una enorme biblioteca esférica. Los volúmenes se apilan en sus paredes como las celdas en una colmena. Si alguien entrara y iniciara una lectura reposada e inteligente, podría tener acceso al conocimiento absoluto de la humanidad, de todas las humanidades.
Pero el calor es insoportable, y el fuego crepita impasible.
Registros acásicos en descomposición, humanidad desperdiciada, papel en llamas. Al fin y al cabo, somos efímeros.

plegaria

Todas las ciudades son imaginarias. Todas las ciudades son invisibles. Miramos la ciudad y no alcanzamos a comprobar que la ciudad no es más que la gente. Así que uno lee este inquietante canto a Sevilla y siente que toda la ciudad, incluidas sus gentes y su abigarrada historia, cabe dentro en un poeta. O de un poema.

oh, sevilla, ciudad amada, ciudad que habitas los cielos y las antenas, ciudad que habitas el albero abrasado y los palacios sin esplendor, ciudad sola,
dondequiera que estés escucha nuestros ruegos.
por la promesa de ser piadosos con tus espinas, por la promesa de no dejarte morir en nosotros, por la promesa de siempre acariciarte tras el llanto,
atiende nuestros ruegos.
oh ciudad de piedra y de grieta, provéenos de un poco de pan tierno y de agua clara,
úntanos los ojos de la primera arcilla de tus casas, danos calles que caminar donde las gentes confundan los pasos. danos las vivas alamedas que resisten, danos el jarabe que hace olvidar los falsos porvenires, danos en tus despachos de mediodía la luz que restalla sobre cuerpos y voces. danos el mapa de los barrios del corazón y las llaves ligeras que en ellos abren puertas para la compañía y el consuelo.
danos cucharas de palo para el guiso y el tambor, danos alboroto y cachivaches, danos el cuchillo por afilar y la rabia del gato ante la demolición, danos un tiovivo de verdades, danos el vaso que cae al suelo, danos la cárcel donde llora el barro, danos vendas para las heridas y no para los ojos, danos el cante que destrenza el alma, danos una carta que podamos acercar al pecho, danos ráfagas de luna y de jazmín.
danos la fotografía en la que apareces dormida sobre la nieve.
oh, ciudad que dueles, danos la sangre oculta de los muertos desnudos que un día te amaron, danos aquellas banderas que dejaste sin coser para vestirlos, danos tu arrepentimiento y tu vergüenza y tu mejor palio para la mujer que todo lo perdió. danos el suburbio y la candela, danos las cadenas que tensa la noche cuando intenta escapar, el solar agreste que es llaga y abrigo, danos las fuerzas para sostener sobre nosotros el toldo de la helada, y además de fuerzas danos
mantas gruesas y caldos calientes y un poco de dignidad para los sordos pórticos. danos una cruz y danos clavos, pero no nos des las manos que enhebran la carne y el madero. danos una cruz y otra cruz y otra cruz y levantaremos con ellas emparrados y chozos donde refugiar a tus hijos.
oh, dama pequeña, ciudad de espuma, deja las cancelas de tus patios entornadas, haznos pasar. recógenos en tu regazo. no nos dejes caer. otórganos tu paz,
mas líbranos de la domesticación y del olvido
y aleja de nosotros para siempre a jueces e instructores de la muerte.


de Jose María Gómez Valero

viernes, mayo 21, 2004

carta #1

Carísima mía:

Te juro que cuanto más mayor me hago menos sentido le veo a esto de convertirme en un señor poeta o como se llame, que es en realidad lo mismo que hacerse en un ciudadano adulto, honrado y trabajador.
Y es que me está dando la impresión de que ya ni siquiera expresar las ideas de uno tiene demasiado sentido hoy, cuando nos han secuestrado el lenguaje y las palabras ya sólo significan lo que ellos quieren que signifiquen. Así, claro, no hay forma humana de entendernos, por mucho que tú leas esto que ahora escribo y por mucho que yo escriba esto que tú probablemente nunca leerás. Me acuerdo ahora de ti, desnuda en una alcoba penumbrosa, así, respirando lentamente, sin darle demasiada importancia al mundo. Exacto. Así deben ser las cosas.
Pero es que no sé qué hacer ni qué decir. Tengo todo en mi contra. No se te olvide, amor mío, que soy un hombre joven, pobre, culto, bobo y sin rumbo fijo. Es decir, reúno en mí todas las características necesarias para descubrir la gran estafa que es esta vida. No me ha sido, pues, difícil darme cuenta de que todo lo que me han dicho (y te han dicho a ti) en el colegio, en la familia, en la iglesia y en la televisión es, básicamente, una desangelada mentira. Y que conste que no quiero que hoy me aflore demasiado esa estúpida vena existencialista-pesimista-lúdico-pueril que estabas acostumbrada a verme y que tanto llegó a aburrirnos a los dos, pero es que cada vez que me pongo a escribirte acabo siempre desolado de pensar en lo tristes que son las cosas, a la vez que termino excitado de pensar en lo suaves que son tus muslos. Así que, en estas largas tardes de sol primaveral, nunca llego a tener claro si es mejor escribirte una carta o un poema, o a lo sumo, encerrarme en mi cama y hacerme el amor a solas pensando que estoy contigo. Y es que a veces pienso que lo único que tiene sentido en este mundo es tu coño.
Por lo demás, ya lo sabes, amor mío, prefiero ser moro antes que europeo, indio antes que abogado y cocinero antes que fraile. Ya ves. Alguien se ha equivocado y no nos ha cortado la vida a la medida. A veces creo que todo me viene grande. Todo menos tu cuerpo, al que me ajusto siempre como un guante.
Te quiero, no lo olvides.
Todo tuyo.
M.A.

hoja de conquistas

las mujeres enfermas que jugaron con burros
las que cavaron tumbas en las palmas de un trueno
las sólo voz dormidas en los centros solares
las hambrientas de todo
las preñadas con todo
las hijas del golpe y de los sueños mojados
las que fijan continentes que dejaron atrás
las niñas con pimienta en sus quince traiciones
las de pan-a-diez-céntimos sin cafetería
las del turno de visita con oficios de muerte
las madres eternas de los locutorios
las arrasadas, las caratapiadas, las comepromesas
las terribles solitas en las salas de baile
las clandestinadas pariendo futuros
las oficinistas que ahogaron sus príncipes
las acorraladas
las desamparadas, las sepultureras
las del polvo sobreimpuesto y el trago a deshora
las poquito conquistadas
las niñitas vestidas con mortajas azules
las que cosen el mundo por no reventarlo
las mujeres con uñas como mapas creciendo
las hembras cabello-de-lápida
(todavía más grandes que su propio despojo)
las corresquinadas, las titiriteras,
las que tierra se trajeron atada a los bolsillos
las nunca regresadas
las nunca visibles
las del nunca es tarde
las del vis-a-vis sin un plazo de espera
las reinas en los parques y en los sumideros

todas ellas las mujeres que me llegan con todos sus cansancios,
todas, en sigilo: las amantes

y mis camaradas.


De Enrique Falcón

jueves, mayo 20, 2004

nietzsche y yo

La importancia del lenguaje para el desarrollo de la civilización se debe a que el hombre ha colocado en él un mundo propio al lado del otro, habiendo considerado que esta posición era lo bastante sólida para desde ella sacar de sus goznes el resto del mundo y adueñarse de él.
de F. Nietzsche

manifiesto contra nosotros mismos

Europa, esta vieja fortaleza medieval donde los mismos reyezuelos se han estado intercambiando sus cenicientas coronas desde tiempos inmemoriales, cierra sus enormes puertas a los pobres. Aquí vivimos bien, pero no hay para todos. Bastante trabajo es ya repartir los preciados dones del progreso entre nuestros ciudadanos para tener que dar siquiera las migajas a los hijos de la miseria. El mundo es pequeño, cada vez lo es más. No hay futuro para todos.
El poder vuelve del revés el sentido de las cosas. Europa prospera y blinda sus ventanas y sus puertas. La gran pirámide del mundo se hace cada vez más espeluznante. Estómagos repletos arriba. Bocas hambrientas abajo. Muchas. Demasiadas. Casi todas.
Pero no podemos caer en la peligrosa trampa de culpar sólo a gobiernos, bancos, multinacionales o instituciones internacionales: todos nosotros somos, en gran medida, responsables del cada vez más gigantesco muro mortal que separa nuestras casas (aseguradas a todo riesgo y climatizadas contra toda borrasca) de aquellas latitudes largas del hambre, el frío y la desesperanza. Somos cómplices ¡imprescindibles cómplices! porque contribuimos a la gran máquina de la injusticia y la muerte con nuestras nóminas domiciliadas, nuestros horarios, calendarios y relojes, nuestros planes de pensiones, nuestros coches y nuestros teléfonos móviles, nuestras hipotecas, nuestra fe indiscutible en el dinero, el futuro, el progreso y las leyes, nuestra sumisión ante el gran dios bursátil, los bancos, la televisión y el llamado estado de bienestar, nuestra creencia en los estados de derecho, la social democracia, la idea de una Europa presuntamente comunitaria, la Organización de Naciones Unidas y el supuesto derecho internacional.
Si damos de comer a los gatos, no es coherente que ahora queramos defender a los ratones. Si decimos hoy esto no es sólo para reclamar justicia, que también, sino para que todos nosotros, pobres piececitas del gran engranaje siniestro del mundo desarrollado, descontentas con no sabemos exactamente muy bien qué, comencemos a darnos cuenta de que, necesariamente, las cosas sólo van a cambiar si empezamos por cambiarnos a nosotros mismos.

miércoles, mayo 19, 2004

el guardaagujas está dormido

Hace justo un momento
se ha quedado dormido el guardagujas
y hay ya sombras furtivas
que se acercan en la noche,
guerrilleros anónimos y oscuros,
gente noble sin nombre ni nación
que se arrastra por el páramo a escondidas,
son mujeres y son hombres
dispuestos a saltar sobre las vías
y a provocar a besos y a sonrisas
el descarrilamiento de las cosas.

Ven y únete a la fiesta.

Que esta noche una hoguera
enorme como el cielo
alumbrará las danzas de la gente.

la máquina trata de arrancar

Bueno... no sabemos muy bien por qué ni para qué, pero aquí estamos.
Es una fría tarde de lluvia en la vieja Europa. En esta oscura estación abandonada nadie nos ha dado permiso, pero hemos agarrado los controles de la locomotora y vamos a intentar que este tren de rumbo incierto trate de arrancar.
A ver a qué paisajes nos llevan estas extrañas vías...