sábado, noviembre 13, 2004

las cajas españolas

Este pasado miércoles se estrenó el documental "Las cajas españolas", del maestro, amigo, hermano don Alberto Porlan. Se trata de un arrebatador, pulcro y hondo documental en el que se narra con mimo de orfebre el accidentado periplo del tesoro artístico del Museo del Prado (guardado en las cajas que dan título a la peli) durante la guerra civil, pequeña gran epopeya que acaba convirtiéndose en una lúcida alegoría de la derrota de la república.
Algunos enlaces sobre la película:

http://www.pce.es/foroporlamemoria/documentos/2004/lbonet_11112004.htm
http://noticias.hispavista.com/cultura/20041025194511/
http://dropastar.com
http://www.seminci.com/plantillasphp/catalogo.php?id_pelicula=303

La película ha sido premiada en el Festival de Valladolid pero aunque no hubiera sido así, el trabajo de Porlan y su equipo es sencillamente soberbio. Y eso que yo aún no he visto el montaje definitivo (sí pude ver un pre-montaje en casa de Alberto hace unos meses). El señor Porlan es uno de esos caballeros irrepetibles tocados por los dedos de las hadas, de la inteligencia y de la vida. De momento, y aunque prometo hablar más de él otro día, dejo aquí un fragmento de su libro "País" para que nos vayamos haciendo una idea de quién es este señor y hasta dónde pueden llegar su talento y su enorme humanidad.

Estos sellos que infectan los breves pasaportes
estos hitos mojones barreras y alambradas
estas líneas de puntos que parcelan los mapas
ni un punto de armonía han aportado al mundo
ni una coma de amor o de decencia.

Gozar el asombroso crepúsculo de Cádiz
navegar por el Dvina cuando lo encrespa el norte
recorrer a caballo la planicie de Hungría
las praderas de Irlanda los bosques de Lituania.
Detenerse a estudiar unos minutos
las nubes que ensombrecen el cielo de Nicosia
atravesar soñando la niebla del Ticino
las selvas de abedules de la Rusia infinita.
Pisar las calles negras de Nápoles o Hamburgo
de Marsella de Londres de Berlín de Estocolmo

Tantas patrias en una que nadie llama patria.
Si acaso, continente, esa palabra hueca.

Y sin embargo, hermanos, qué bien suenan los nombres
con qué timbre tan suave tan común tan sonoro
Peruggia Barcelona París Viena Belgrado
qué hipnótica cadencia qué música componen
Tirana Dover Riga Lisboa Praga Dortmund
inocentes secuencias de sílabas ligadas
Venecia Amsterdam Brujas Dublín Tiflis Varsovia
pronunciadas lo mismo por sabios que por bobos.

Pues oíd la canción, sabios y bobos
escuchad lo que cantan los albatros
en lo alto del cielo y en medio de los mares:
de las naciones ya se acaba el tiempo
los viejos estandartes arderán todos juntos
y los niños ingleses no nacerán ingleses.

Tú no puedes creerlo mas aquellos albatros
avistan ya la ola detrás del horizonte.

Las patrias se terminan y esas aves lo anuncian
con su altísimo canto.
Un día santa Juana tendrá oblicuos los ojos
y vendrá la mañana de una época extraña
que fatal e insensible borrará esta en que vives
como borra una ola de la anterior la huella.

Así que nadie invoque un futuro perpetuo.
Di mañana, di el lunes. Pero siempre no digas
porque siempre fue ayer y ayer pasó por siempre
dejando en los braseros montones de ceniza
y miles de palotes en miles de pizarras.

En los montes del tiempo la nieve dura poco.
Ya son lluvia las nubes, ya es carbón la espesura
ya es un fósil inmóvil el nervioso lagarto.
Si llamas a tu abuelo el eco te devuelve
esa misma palabra gritada por tu nieto.

No hay mañana sin cambio así trabaja vida
bella baila borracha entre naranjos
rompe trueca trasmuta revuelve diferencia
descompone remoza trastoca altera muda
y en ese trajín loco en que nos mece
qué dulce es la certeza de que vendrá la aurora
y qué triste morirse mientras gira el planeta.


De Alberto Porlan