domingo, octubre 31, 2004

párrafos ejemplares (III)

Ya estamos de vuelta. Han sido días difíciles porque la verdad es que he sentido ganas, muchas ganas, de colgar cosas en la bitácora, ideas, fragmentos de lecturas, palabras, comentarios, versos y besos, pero ya sabéis que el computer ha estado en cuarentena. Parece que las aguas vuelven a su cauce. Espero que a partir de ahora volvamos a vernos con la frecuencia de siempre. Ya me funciona de nuevo el correo y en seguidita me pondré al día con los post atrasados que no habré podido leer estos días en vuestras páginas, hermanas y hermanos. porno gratis niñas follando
Como celebración, y al tiempo como reacción alérgica a la presión mediática (o sea, el verdadero coñazo) que nos están dando con las putas elecciones yanquis, aquí va un fragmentito del señor P.K. Dick.

La ciudad de Nueva York. La visión inestable de una activa esquina de la calle a la que daba la oficina del doctor Sands. Y más arriba, el prisma triangular del enorme edificio de plástico—una mezcla de compuestos rexeroides de Júpiter—, con su infinidad de pisos, sus innumerables ventanas... y más allá los retropropulsores individuales despegando o llegando a las rampas, en las que los transeúntes se desplazaban en multitudes tan densas que parecían autodestructivas. La ciudad más grande del mundo, cuatro quintos de ella quedaban bajo tierra; lo que Erickson veía no era más que una escasa porción, sólo una traza de su extensión visible. Nadie, en toda su vida, ni siquiera un veterano, podía verla integra; la ciudad era demasiado extensa.

De Philip K. Dick