domingo, septiembre 05, 2004

romance de amada y el sudor

Levanta, amado, levanta
mira que te estoy llamando.
Levántate presto y corre
a desanudarme el manto.
Mira que el invierno es ido
y las lluvias se han marchado
y las flores de la sangre
caliente alargan sus tallos,
y en el centro de mi huerto
la higuera se abre de brazos.
Levántate, simio dulce,
corre, mi amigo, a mi lado,
tiburón de los planetas,
canta al viento sin cuidado,
deja que tu voz de niño
me llame por los peñascos,
que mira para ti el tesoro
que la noche te ha guardado.

En mi camita redonda
por las noches he buscado
dulzura alguna que llene
este hoyuelito rosado.
Que levantar me he tenido
con el prurito encarnado
y por las calles y plazas
buscar lo que no he encontrado.
A camareros nocturnos
mil veces he preguntado
¿Visteis pasar al amor?
Y ninguno ha contestado.

Y en las barras de la noche
del último santuario,
hechizado de licores,
perdido, encontré a mi amado.
Con la piel en carne viva,
yo lo agarré de la mano
y exorcicé los demonios
con mi lengua y con sus labios.
Luego lo arrastré conmigo
por almenas y tejados
a la casa de mi madre
y a mi lecho ensortijado.

Déjame, amado, mirarte
ahora que te he desnudado
con los ojos y la luz
de este amanecer cerrado.

¡Que los astros se detengan!
¡Que se quede el sol callado!
¡Que estoy oyendo en las sombras,despacio, sudar a mi amado!