sábado, agosto 14, 2004

nuestra vida en numancia

Primero alambraron las palabras
y sembraron de minas
los campos semánticos.

Después derramaron por los suelos
las vasijas que guardaban
el aceite de los besos.

A las alas de los peces
ataron luego alambres con anzuelos
y a las patas de las camas
los grilletes del insomnio
con enormes cepos negros
para impedir la dulce
sacudida de los cuerpos
y evitar que por las noches
pudiesen inflamar las almohadas
las chispas que nos saltan de los sueños.

Intentan ahora darnos de comer
en el hondo pesebre del miedo,
el corral donde pace la tristeza
de este agrio abrevadero.

Esta vida a medias tintas.

Esta muerte a cuerpo entero.