miércoles, julio 21, 2004

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La infancia son recuerdos de un mar en la atunara, una atunara de casas de lata y calles de arena negra, el mediterráneo sucio, helado y amoroso y las enormes anclas de la almadraba tiradas en la playa como los esqueletos de unos cetáceos antediluvianos, oxidados como los hombres de la mar, y la figura enorme del peñón recortando su silueta sobre la neblina de la media mañana. El olor del puchero de mi abuela llenando el mediodía, la casa de mi primo, el escalón de la marea agitando los guijarros en la rompiente, mi tío contándome historias de ahogados que eran perros fantasmas que a la luz de la luna vagaban por la playa, y luces extrañas que salían del mar, y mi abuelo freía el pescado en la tasquita de su vejez, y canturreaba por Pepe Marchena y traía por la calle sus andares de hombre de la mar, y entonces se hacía de día pero la arena de las calles seguía negra, como quemada, y el viento helado de la mañana barría los techos de lata encalada y las tejas de la vieja iglesia donde mi madre cantaba de niña y donde, de noche, las olas rompían sus dedos de aguas blancas. Cuando jugábamos en la calle y escarbábamos con las manos, rass, rass, rass, las uñas se nos ponían negras y se hacía de día pero la arena de las calles seguía fría, como de nieve, y las gaviotas se daban los buenos días desemperezando sus alas geométricas, alargadas y espumosas.
Y son recuerdos también de un balcón en los pisos Periáñez, la calle Padre Pandelo como un hormiguero de coches, niños y gatos vagabundos, un sucio cañaveral a la espalda que hoy seguro no existe y una iglesia de ladrillos oscuros, y un colegio dos calles más allá y don Racundo haciéndonos rezar el ángelus y Roberto, y Pedrito y todos los demás, y mi abuela María con su figura delgada y pequeña corriendo por la calle, arrastrándome de la mano por el paseíto Fariña. Y mi primo y yo descubriendo el mundo poco a poco, y mis tíos en la plaza rodeados del olor de la sangre de los peces, y mi madrina y su peluquería, y los libros de mi tío y las risas de mis primas.


1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

De niño vivi varias temporadas en la atunara concretamente en las viviendas del consorcio ya que mi padre fue de los ultimos capitanes de almadraba que trabajaron alli. Tengo muy buenos recuerdos de esa etapa de mi vida. Me gustaría contactar con alguien que tuviera fotos de la zona antiguas y modernas y apareciera el consorcio y la casa cuartel que existía junto a él. Contactar fax 96-5850120

3:17 p. m.  

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