sábado, julio 17, 2004

polo del frío

No fue difícil clonar el Mamut. Ni encontró rechazo ubicarlo en una pálida estepa de Siberia, donde se graniza el aliento y el viento estrella esos cristales contra las pezuñas. El animal está solo, observado a distancia por sus creadores. Creció solo, como parte del experimento. Con el tiempo, se olvidará el interés que su soberbia envergadura despertó en las muchedumbres. Un animal clonado no puede reproducirse, sólo copiarse a sí mismo y morir en las repeticiones. El frío cristaliza las lágrimas de ese dolor produciendo la célebre mirada con estalactitas, lo que aún hoy conocemos como ojos de Mamut. Y si eres capaz de descifrar esos ojos, de que te conmuevan, no veo razón para tu abandono. Yo soy, amor, quien pace en las tundras de tu confianza, he sido clonado por ti, tu semejante, yo soy el animal herido de frío.
 
de Manuel J. Ruiz Torres