viernes, julio 09, 2004

la calle

La calle ha sido siempre de la gente. Del pueblo. A medida que nos volvemos más burgueses, más volvemos la espalda a la calle. Cuando se ha luchado contra una dictadura, el pueblo ha tomado la calle y entonces el poder, sabiendo esto, se ha encargado muy mucho de controlarla. Quien tuvo la calle ganó la partida. Esto lo sabréis muy bien vosotros, los que os vanagloriáis de haber hecho la transición ésa que dicen que hubo.
El pueblo ha vivido en la calle. Las relaciones sociales, el ocio y el amor: siempre en la calle. Incluso hace poco, recordarán que no era extraño que, en las noches de verano, se viesen vecinos sentados en las puertas de sus casas, incluso con tele y butacón en la calle, como si la acera fuese el salón de todos. Eso hoy es impensable. Los viejos gustan aún de sentarse a mirar lo que pasa en la calle. Pero lo que pasa es que en la calle ya no pasa nada, sólo los coches y la prisa. La gente sólo usa la calle para ir a otro sitio. La calle es de los coches y de los escaparates. La calle está secuestrada. No sabemos quién nos ha robado al calle. Nos la han cambiado. La calle da miedo. La calle es territorio enemigo. La calle es un medio, no un fin, como siempre fue. Hemos perdido la cartografía familiar de la calle. La calle ya no es del pueblo. La calle ha muerto.
Y ahora, encima, cuando por los extraños avatares de los tiempos y los usos, la juventud arrolladora vuelve a reconquistar la calle, esa bendita calle nocturna donde sólo creemos que hay cosas malas, pretendemos prohibir las exaltadas fiestas de los jóvenes. Nuestros hijos han sido capaces de devolvernos lo que nosotros perdimos tontamente: la calle. El espacio de todos y para todos. Y si gustan de la noche es porque de día la calle no es posible, porque es de bancos, coches y mercachifes. No perdamos el norte, amigos: Ellas y ellos, con su lúdica inconsciencia, sin saberlo, hacen otra vez de la calle algo común, algo propio. Han recuperado nuestra calle. Y nosotros, encima, creemos que eso es malo.
Tierra de necios.