viernes, mayo 21, 2004

carta #1

Carísima mía:

Te juro que cuanto más mayor me hago menos sentido le veo a esto de convertirme en un señor poeta o como se llame, que es en realidad lo mismo que hacerse en un ciudadano adulto, honrado y trabajador.
Y es que me está dando la impresión de que ya ni siquiera expresar las ideas de uno tiene demasiado sentido hoy, cuando nos han secuestrado el lenguaje y las palabras ya sólo significan lo que ellos quieren que signifiquen. Así, claro, no hay forma humana de entendernos, por mucho que tú leas esto que ahora escribo y por mucho que yo escriba esto que tú probablemente nunca leerás. Me acuerdo ahora de ti, desnuda en una alcoba penumbrosa, así, respirando lentamente, sin darle demasiada importancia al mundo. Exacto. Así deben ser las cosas.
Pero es que no sé qué hacer ni qué decir. Tengo todo en mi contra. No se te olvide, amor mío, que soy un hombre joven, pobre, culto, bobo y sin rumbo fijo. Es decir, reúno en mí todas las características necesarias para descubrir la gran estafa que es esta vida. No me ha sido, pues, difícil darme cuenta de que todo lo que me han dicho (y te han dicho a ti) en el colegio, en la familia, en la iglesia y en la televisión es, básicamente, una desangelada mentira. Y que conste que no quiero que hoy me aflore demasiado esa estúpida vena existencialista-pesimista-lúdico-pueril que estabas acostumbrada a verme y que tanto llegó a aburrirnos a los dos, pero es que cada vez que me pongo a escribirte acabo siempre desolado de pensar en lo tristes que son las cosas, a la vez que termino excitado de pensar en lo suaves que son tus muslos. Así que, en estas largas tardes de sol primaveral, nunca llego a tener claro si es mejor escribirte una carta o un poema, o a lo sumo, encerrarme en mi cama y hacerme el amor a solas pensando que estoy contigo. Y es que a veces pienso que lo único que tiene sentido en este mundo es tu coño.
Por lo demás, ya lo sabes, amor mío, prefiero ser moro antes que europeo, indio antes que abogado y cocinero antes que fraile. Ya ves. Alguien se ha equivocado y no nos ha cortado la vida a la medida. A veces creo que todo me viene grande. Todo menos tu cuerpo, al que me ajusto siempre como un guante.
Te quiero, no lo olvides.
Todo tuyo.
M.A.