miércoles, enero 14, 2015

comentario de texto (8)


Y en esta ocasión vamos a traer a colación la primera comparsa en que J.A. Cheza y yo trabajamos juntos, allá por el carnaval de 2007. Yo por entonces no conocía personalmente a Nene (aunque sí sabía de un misterioso señor del que decían que era quien sostenía en la sombra gran parte del repertorio de la comparsa de Quiñones). Yo escribía entonces las letras de la comparsa de Chiclana, que dirigía (y dirige aún) Antonio de la Llave "Titi". Veníamos de la comparsa El tambor, con la que habíamos participado en el COAC 2006, cuya exquisita música era de Pacoli y a la que yo puse letra.
Nunca supe claramente por qué motivo (yo no estaba muy implicado en el funcionamiento interno de aquella comparsa ni en sus decisiones y hacía las veces casi de letrista interino, como ha pasado, por cierto, con todos los autores que por esa comparsa han pasado) el grupo decidió para 2007 cambiar de músico y fichó a Nene, al que, ciertamente, ese año traté bastante poco, pues se limitó a darnos la música y a venir al ensayo en algunas ocasiones a dar algunas sugerencias. No coincidí mucho con él, en realidad, pero juntos pusimos en pie el repertorio de Los perdedores.
Guardo recuerdos difusos de aquella comparsa pues, por los avatares de la vida, por aquella época andaba yo un poco despegado de los ensayos y no participé en la construcción de la comparsa más allá de la mera escritura. El tipo partió de una lectura que acababa de hacer Titi, un libro titulado "Los perdedores de la historia de España", del historiador García de Cortázar, que él me propuso como eje para la comparsa. A mí me gustó la idea, pero me pareció que vestirnos con esa disparidad de personajes históricos era una propuesta un poco difusa de representar tanto en el disfraz como en el repertorio, y entonces le propuse concretarlo en un tipo más simbólico: un espadachín que, camino de un duelo, sabe que va a perder y aun así decide presentarse. Una idea que permitía el juego de representar lo que él me proponía y que, además, era una estupenda alegoría sobre el propio concurso. Pero la idea fue más allá y representó todo un canto de amor a los perdores en cualquier faceta de la vida.
Y allí que fueron estos espadachines nuestros a su particular duelo en un claro del bosque de madrugada (nunca mejor dicho, porque en los tres pases que hicimos durante el concurso, nos tocó siempre cerrar sesión y cantar ante un patio de butacas casi vacío).Ya sabemos que las agrupaciones discretas y sin mucho reclamo, en el día del sorteo del orden de actuación se juegan la mitad de su éxito. O de su fracaso.
A pesar de estos inconvenientes, que marcaron en gran medida nuestro discreto pase por el certamen, lo cierto es que la comparsa quedó muy redondita y llegó a semifinales (las semifinales de entonces, esas a doble vuelta) y contribuyó a mantener el excelente nivel que esa comparsa había estado trayendo hasta entonces al concurso. Si prestan ustedes atención con un poco de sagacidad, de hecho, creo que no les será del todo difícil rastrear algunos embrionarios tics de estilo que, años después, Nene y yo hemos estado desarrollando en nuestras comparsa actuales.

De las letras que no se cantaron aquel año en el teatro quiero rescatar hoy esta que trataba de plantear un canto de hermandad entre las ciudades que componen la Bahía de Cádiz, letra que, ahora, leída en la distancia, francamente, me causa un poco de pudor.

Tengo un barrio yo que no cambio por
ningún otro barrio.
y es su bajamar la plaza central
de su vecindario.
No tienen en verdad código postal
ni nombre en sus plazas.
Sus vecinos muchas veces no se enteran
que su barrio es sólo uno
que sus calles son las mismas
y es el mismo su futuro,
sus mujeres son más guapas
que en cualquier barrio del mundo,
sus esquinas más bonitas
y sus mares más profundos.
Piénsalo bien y adivina mi barrio cuál es:
Sus fronteras a un lado limitan
con el fango y el agua bendita
de las marismas, de las marismas
y por los otros lados que vayas
al final todas sus calles terminan
en la arenita de alguna playa.
Y yo sé bien que este barrio no tiene más alcaldía
que la de la penuria y la alegría.
Mi barrio es verde y azul.
Mi barrio, ya sabes tú,
es la Bahía.


Por cierto: odio las rimas en aguda, Nene lo sabe, y la estructura métrica de esta música ¡estaba llenita de ellas!

O esta otra letra, que trazaba un paralelismo, algo cursi, cierto, entre una guerra y un duelo de honor. Y, vaya, que también me saca los colores (no sé muy bien qué hago mostrándoles a ustedes aquí mis vergüencitas más privadas, jajaja). En fin, supongo que lo justo es compartirles a ustedes, también, por qué no, mis aprendizajes.

Una guerra es sangre derramada
por los inocentes
pero un duelo es un lance de honor
entre dos valientes.
Una guerra es un conflicto de sucios intereses,
pero un duelo no se rige por más normas
por más causas ni más suerte
que la de dos enemigos
que se respetan a muerte.
Una guerra la soportan
quienes menos lo merecen.
En un duelo gana uno
y en la guerra todos pierden
Un duelo es un asunto
entre yo y entre él
y la guerra es un mapa caliente
que salpica de sangre a la gente
más inocente, más inocente
Una guerra es dolor y mentira
y en un duelo los dos contrincantes
se reverencian y hasta se admiran.
Un duelo es
un combate cara a cara respetable
entre dos hombres libres y honorables.
La guerra es muerte y horror
movida por la ambición
de los cobardes.


Y si miran ustedes aquí debajo este video del popurrí, además de algunos versos interesantes, van a poder reconocer algunas caras (como las de Pablo, Manolín o Titi) que han estado con nosotros en nuestras comparsas posterioremente o, como en el caso del gran Jesús Requeté, que sigue con nosotros a cargo de las baquetas.



Pero por lo que más trascendente me resulta destacar esta comparsa es porque fue gracias a ella como Nene y yo nos conocimos y, en cierto modo, pusimos en marcha lo que sería una larga e intensa aventura de complicidad carnavalera que aún hoy continúa.
Y los azares han querido que haya yo terminado estas entregas en torno a nuestras comparsas justo cuando está a punto de comenzar nuestra nueva aventura.
Este viernes, precisamente, arranca el COAC 2015 y en unos días, estrenaremos el trabajo que en estos meses atrás hemos ido esforzadamente preparando bajo el título de Los Borregos. No sé que deparará este concurso a nuestras coplas, pero hoy, mirando hacia atrás con calma, como hemos hecho en estas entregas, no puedo más que sentirme muy dichoso de estar escribiendo, a estas alturas, para un grupo como el que defiende mis letras y, sobre todo, ser cómplice codo con codo con alguien como Nene y su arrebatadora relación pasional con su música.
Saber hasta donde puede llevarnos, este año o los que queden, esta aventura no es fácil y es algo que tendremos que decidir entre todos. Y ese "entre todos" te incluye también ti, que esto lees.
Amigos y amigas: ¡Feliz Carnaval 2015!

PD: Si les parece bien, podemos durante estas próximas semanas continuar un poco más estos "Comentarios de texto" durante el propio desarrollo del COAC para ir comentando las letras de "Los Borregos" a medida que vayamos mostrándolas en el concurso. Seguro que de esas reflexiones, tú y yo podríamos sacar algunas cosas interesantes...

martes, diciembre 23, 2014

comentario de texto (7)



Aunque mucha gente piensa que el maridaje carnavalesco entre Nene y servidor comenzó con El último escuadrón (2008) lo cierto es que no fue ésa la primera comparsa en la que compartimos autoría. Pero de eso hablaremos otro día... por ahora centrémonos en El escuadrón.

Hay que hacer un poco de historia por si alguien no la conoce: Nene Cheza, desde muy joven, ha militado fielmente en la comparsa de Quiñones y Pepe Martínez (su propio tío, de hecho), desde, creo recordar, La Fábrica de tabaco (1989). Esa comparsa-familia, pues, fue su incubadora, su colegio y su casa. Allí entregó sus mejores energías como tenor o como guitarra, pero sobre todo, como músico y letrista auxiliar en la sombra (si investigan comprobarán cuánto debe el brillante palmarés de premios de esa comparsa a las composiciones de Nene, que jamás rezó en los créditos). Es comprensible que tarde o temprano saltara del nido y tratara de volar solito formando con libertad su propia comparsa. Y así, afortunadamente, ocurrió el año que nos ocupa. Con un grupo de compañeros fieles que se marcharon junto a Nene independizándose también de la comparsa-madre  (Lali, Paquito y Leo -que aún sigue a su lado en Los borregos-) se forma poco a poco un grupo que finalmente resultaría ser un verdadero dream-team de voces e instrumentación. Echen un vistazo a los videos y reconozcan voces y caras célebres: un grupazo joven y curtido a la vez, con muchos componentes que continúan todavía en la élite comparsista actual (Bubu, Jose Chiclana, Óscar y Hugo en la voces altas, Sambruno a la impresionante púa, Lali y Manolín a la segunda, el creativo Geni a la guitarra y los coros...). La dirección corría a cargo de Vicente "Lali", otro monstruo, y al bombo estará el imprescindible Alejandro Melli, que sigue aún hoy fidelísimamente al cargo de la percusión. En fin, un grupazo con el que muchos autores soñarían... y a todo esto, en mitad del trasiego de los ensayos y la expectación, pequeñito pequeñito, llego yo al proyecto.
Aún recuerdo aquel café en el que Nene me pidió que arrimara letras de pasodobles a su nueva comparsa. Era ya noviembre largo. La comparsa que yo entonces estaba escribiendo acababa de disolverse no recuerdo por qué, así que me encontraba en paro creativo. Al saber la noticia, Nene y Lali me citaron para pedirme que me sumara como letrista y ayudara a Nene a apuntalar las letras, especialmente los pasodobles y alguna cuarteta del popurrit. El repertorio estaba ya bastante avanzado, sólo tendría que completar la faena. Con el entusiasmo que le caracteriza, Nene me explicó el tipo: un grupo de guerreros fieros e imbatibles que, en mitad de la ruina y la decadencia (bien reflejada en la apocalíptica escenografía), defendían a Cádiz de sus enemigos. Me pareció una idea realmente horrible.
Sin embargo, dije que sí y acepté el reto. No me gustaba mucho el argumento del tipo pero era casi diciembre, la comparsa y el repertorio estaban ya avanzados, con todo el equipo remando acompasadamente en la misma dirección, así que entendí rápidamente que mi trabajo era ayudar y remar junto a ellos sin discutir el rumbo que ellos mismos ya habían marcado. Y así hice. Por otro lado, la oportunidad de escuchar mis letras en gargantas tan ilustres era un lujo difícil de rechazar. Y así fue como, consciente de mi situación, me sumé a la aventura.
Como yo era un insignificante letrista totalmente desconocido que debía escribir para un grupo acotumbrado a cantar las letras de los autores más grandes, decidí no correr riesgos y el primer pasodoble que llevé al ensayo (y con el que era consciente de que, en cierto modo, me la jugaba) fue una letra algo ramplona pero muy efectiva (y efectista), ideal para todos los gustos, con la que me pareció que podría afianzarme ante el grupo en mi recien estrenado puesto de autor. El tiro entró por la escuadra, no sólo en el ensayo sino también en el teatro.
La comparsa pasó limpiamente a las complicadas semifinales, pues ese año fue la primera vez en que se estrenaba el sistema de tres fases y disminuía peligrosamente el número de semifinalistas, aumentando duramente la presión competitiva. Para más inri, nos tocó cantar el primer día del concurso, y además junto a la propia comparsa de Quiñones (ese año El mercado de las maravillas) con lo que la atención morbosa a tan peculiar "duelo" estaba garantizada. Lo cierto es que el grupo sonó impresionantemente bien y estuvo peleando duramente hasta el final, aunque sigo pensando que la idea general no estaba a la altura de las circustancias y que ese grupazo, con otro tipo más sorprendente y un repertorio más arriesgado, hubiera aspirado realmente a más. Ya sabemos, de todas formas, que el concurso es, en gran medida, una carrera de fondo. No fue, desde luego, ningún mal comienzo. Y es verdad que me emociono cuando aún hoy alguien me recuerda y celebra algunas letras de aquel año, como el pasodoble de la alameda (que escribí a partir de una idea que me sugirió el gran Geni) o el del perro (que en realidad era una diatriba contra una perrera de Puerto Real, en esos días célebremente de actualidad por sus malas artes con los animales), pero también confieso que siento cierto desconcierto cuando todavía alguien dice despistadamente que esa comparsa es la mejor que hemos sacado (?).
De las letras que hice para esta comparsa, rescato hoy dos pasodobles que, aunque escribí mucho más a mi propio gusto, evidentemente, no fueron seleccionados para cantarlas en el teatro. Y es que con El último escuadrón constaté pronto que ojalá muchos comparsistas de élite tuvieran las ideas tan  claras (y afinadas) como sus gargantas.

En mi trinchera te vuelvo a escribir
desde la guerra esta carta:
Amada mía, tú eres para mí
la victoria que me falta.
De noche siento que me trae la brisa
las campanas blancas de tu risa,
y estirándome los pensamientos
me acurruco yo a dormir sin prisa.
Y sueño yo que duermo en un torreón
donde no cabe más gente
que este guerrero encendido
entre tus piernas calientes.
Y escucho el canto de las olas
que te salpican la espalda
y un rumor de caracolas
sonando bajo tu falda.
Y luego yo me vuelvo a despertar:
Miro a mi lado pero tú no estás
y vuelvo yo al combate en esta guerra fría.
Y así sin tu cuerpo me siento morir cada día.
Chiquilla, sufro tanto sin poderte tocar
que hoy te quiero jurar
que si no acaba esta guerra
deserto en la lucha y te voy a buscar.


O este otro, que aún no llego a comprender por qué no se cantó:

Podré decir que no tiene perdón
la prepotencia que muestra.
Podré decir que toda su gestión
parece de cartón piedra.
Podré decir que sobran por lo pronto
tanto cartelito y tanto bombo,
que parece al ver su demagogia
que gobierna usted pa cuatro tontos
Podré gritar: ¡Cádiz, qué limpita está!
pero el trajín de su escoba
esconde to las miserias
debajo de las alfombras.
Podré decirle, mi señora,
¿de dónde carajo salen
ese rebaño de necios
que forman sus concejales?
Pero yo nunca le voy a atacar
porque no sea usted de esta ciudad
ni porque sea mujer o se tiña usted el pelo:
Que soy un soldado además de ser un caballero.
Pero, señora mía, no me voy a callar
lo que pienso en verdad:
Retire sus escuadrones,
entregue las llaves ¡y márchese ya!






jueves, noviembre 06, 2014

un único filo

LAS TIJERAS

—Unión de dos y división de muchos.


Quienes se juntan y de continuo se rozan
forman un único filo. No te interpongas
entre los que así se quieren: el hambre de
matar se ensañará contigo.


jueves, octubre 09, 2014

contagio


martes, octubre 07, 2014

let's!!!!

viernes, octubre 03, 2014

comentario de texto (6)


El año en que Nene, Lali y yo ideamos Los Ruinas fue para mí el año del despertar como autor, es decir, cuando me di cuenta frontalmente de que una cosa es escribir la comparsa que a uno le gustaría escuchar (que esa ha sido y es, aunque teniendo que hacer equilibrios, la gasolina que mueve el motor creativo de nuestros repertorios) y otra distinta es acertar con la comparsa que el público quiere oír. Digo despertar pero quiero decir asumir la cruda realidad: mis verdaderos gustos como aficionado a las comparsas son de otra época, como creo que ocurre a la mayoría de los aficionados que ya llevamos unos añitos en esto de amar las coplas y que echamos los dientes carnavaleros en los últimos 80 y maduramos nuestros gustos apasionados en los primeros 90. Tras el pase de Los Ruinas por el concurso, tuve que asumir (sin dolor pero con cierto resquemor) que por ahí mis letras no iban a ningún sitio más que a la anécdota y a la marginalidad. Yo estaba seguro de que la gente iba a apreciar y agradecer una comparsa así, pero un mojón pa mí.
Les explico: yo en comparsa siempre he preferido la "magia" a la "garra". Sí, vale, sé que mis últimas comparsas parecen indicar lo contrario, pero la verdad es que en el fondo de mi corazoncito de aficionado, siempre he preferido los modos de España La Nueva o de El cielo de Cádiz a la vehemencia de La mare que me parió o de Araka la Kana. No es que no me gusten las comparsas de ese corte, claro que me gustan: las sigo con interés y en algunos casos hasta con pasión (y trato de aprender de ellas lo que haya que aprender), pero uno siempre guardará en sus adentros el regusto por aquella irrepetible manera dulce de hacer las cosas. Manera que, viendo ahora lo que se hace mayormente en la modalidad y lo que el público en general aprecia, hoy se nos antoja sinceramente irrecuperable.
Les cuento todo esto porque con Los Ruinas tratamos de hacer precisamente eso: una comparsa con magia, con verdad, sin aspavientos y con mucho gaditanismo (que no chovinismo). Veníamos de El último escuadrón, un tipo tenebroso y oscuro con un repertorio agresivo y vehemente. Yo era partidario pues del volantazo, es decir, escribir desde lo alegre, lo gaditano, lo poético y lo amable (sin perder la reivindicación, evidentemente). De resultas de ello nos salió un repertorio del que me sentía (y aún me siento) orgullosísimo. Desde la presentación hasta el popurrí, toda la letra estaba por mi parte pensada hasta el milímetro para una idea que me encantaba: un arqueólogo un poco loco que amaba las ruinas que estudiaba, y que en realidad era, para bien y para mal, un sincero canto de amor a esta ciudad, a su historia y a sus gentes. Si tienen un ratito de calma y les apetece, aquí pueden oír su pase de preliminares.
El resultado, de todas formas, fue pobre en lo relativo a su repercusión: a poca gente interesó aquel lírico experimento, salvo al jurado, al parecer, que sí que nos llevó hasta las semifinales. Desde luego, nos equivocamos en cosas importates, como en el disfraz (más confuso y oscuro de lo que debiera) y el grupo, aunque sufrió bajas importantes con respecto al "dream team" del año anterior, defendió lo mejor que pudo un tipo que hubiera necesitado una interpretación quizás más risueña. Ese año se incorporaron al grupo componentes nuevos, entre los que recuerdo especialmente al gran Cuevas y a Guille de Puerto Real, dos cracks con los que ojalá volvamos un día a trabajar. Ese año entró tambien el irrepetible David Virlán, al que Nene y yo ya conocíamos de Los Perdedores, y que aún sigue fiel a nuestro lado.
Alegrías hubo bastantes, de todas formas, como tener noticias de que el pasodoble dedicado a Palestina había sido traducido y debatido por estudiantes palestinos de español en Cisjordania, por mediación del gran Enrique Alcina. Yo, qué quieren que les diga, ahora al hilo de estos comentarios que les comparto aquí he vuelto hoy a oír especialmente el popurrí de Los Ruinas y me sigo emocionando. Es más, las dos últimas cuartetas las acabo de oír hace un momento, mientras escribo esto, y me han dado cierto escalofrío de emoción (sé que está feo que yo lo diga, pero es que francamente así ha sido, jajaja).
Y para terminar este comentario, como es habitual, les dejo un par de pasodobles que no se cantaron en el teatro: la primera, que fue la letra de medida, creo que nos salió especialmente hermosa.


Acérquense, señores y pasen a ver la ruina
de una ciudad que esconde sus lágrimas por las esquinas.
Miren los vestigios que riega la Historia:
Ruinas de la libertad para que refresque el poniente.
Ruinas de la dignidad para los obreros valientes.
Ruinas de un mercado en la ruina
chorreando de caballas con la sangre plateá.
Tierra de escombros milenarios,
cómo brillan tus ruinas
esmaltadas por las lunas y enjuagadas por la mar.
Ruinas de una tierra que no es santa,
Ruina que me sube a la garganta,
gargantas para que cante el gaditano
lo que tenga que cantar.
Y hoy traigo canciones de espinas y rosas,
porque este ruina no tiene que darte, no tiene otra cosa.
Te traigo en un cofre pequeño
una copla enorme que a mí me rebosa.
Y hoy traigo, arena en los bolsillitos de mi corazón.
Yo sólo tengo un sol que está forjado
con el oro de una playa
y un diamante en las mareas
y un tesoro en las murallas.
Ay, mira si soy rico yo
que hasta tu ruina, por dios,
a mí me parece de plata.

O esta otra en la que ya en 2009, en los albores de los tiempos de desolación en que hoy nos hacen vivir, ya anunciábamos en cierto modo lo que un par de años después mucha gente empezaría afortunadamente a sentir (y a gritar) en las plazas del mayo de la insurrección, es decir, que esto "no es una crisis, es una estafa".

Crisis, ¿pero qué crisis? ¿Qué rollo nos estáis contando?
Crisis, ¿pero qué crisis? ¿A quién coño estáis engañando?
Irse pa’l carajo con vuestros negocios.
Si no consigues cuadrar las cuentas de lo robado
no vengas ahora a llorar para que te salve el Estado.
La crisis, los despidos, la codicia,
los ladrones de la bolsa que se hunde en Nueva York,
trabajadores a la calle, el festín de la avaricia,
la carroña de la usura, la ganancia y la ambición.
¡Qué negras las entrañas de un banquero!
¡Qué sucios los mercados financieros!
Los beneficios son para sus bolsillos
y sus deudas son para todos.
Ladrones que amasan su sucio dinero
con el pan chiquito y el sueldo precario de tantos obreros.
Banqueros que son como hienas
que nada más que comen dinero y dinero.
Rateros, que se han inventado una crisis para exprimirnos más.
La crisis ¿pero qué coño de crisis? ¡Todos a la guillotina!
¡Qué políticos traidores, qué empresarios de mentira!
Que me expliquen ya, por favor:
¿Qué es lo que hemos hecho, por dios,
para merecer tanta ruina?

lunes, septiembre 29, 2014

los restos de la suma


lunes, septiembre 22, 2014

relectura

sábado, septiembre 20, 2014

exacto, belleza


sábado, septiembre 13, 2014

400.000


miércoles, septiembre 10, 2014

comentario de texto (5)


Si no existiera el dinero es hoy por hoy quizás la comparsa más especial para mí de todas cuantas he escrito, pues me supuso el aprendizaje más fértil a la vez que el experimento más libre. Cierto es que como repertorio competitivo era claramente deficitario, ingenuo y hasta pretencioso, pero como aventura literaria (y política) ha sido, y lo sigo pensando a pesar del tiempo transcurrido, la comparsa en la que más me reconozco a mí mismo.
Tratar de reunir en un puñado de coplas de carnaval un alegato contra la llamada sociedad del bienestar y el capitalismo ultra-consumista supuso para mí un fascinante reto, toda vez que en el año anterior habíamos tratado de hacer un repertorio de hondo lirismo gaditano y narcisista que, sorprendentemente, pareció no interesar demasiado al respetable (y en esto nos detendremos cuando hablemos de Los Ruinas). Así que con Si no existiera el dinero no era yo muy proclive a muchas concesiones: tenía ganas de escribir una comparsa que dijera cosas que no estuvieran demasiado dichas. Y que salga el sol por donde quiera salir. Y así fue.
El nombre de la comparsa, de todas formas, no era este, sino El dueño del mundo, aunque yo siempre fui partidario desde el principio de llamarla simplemente Dinero, en línea con los cómics de Miguel Brieva o la poesía de Pablo García Casado, que en aquel tiempo rondaba mi mesita de noche. El grupo se negó a un nombre tan escueto y se optó entonces por El dueño del mundo. Finalmente, el sagaz servicio de archivística del Patronato nos echó para atrás el nombre al inscribirnos porque casi coincidía con otra agrupación más antigua y de un día para otro hubo que improvisar un nombre nuevo. Decidimos llamarla con el verso que abría la presentación y fue así  como quedó el desconcertante nombre final de Si no existiera el dinero que, la vedad, quedó un poco friki.
Repetíamos el grupo casi de Los Ruinas, con la incorporación de gente estupenda: Juanma Gámez y Javi Canario (dos gargantas prilegiadas), que completaban las voces altas, además del gran Guille de Puerto Real a la segunda. No recuerdo bien qué ocurrió, pero recuerdo que a pocas semanas del estreno tuvimos que incorporar con urgencia a otro guitarra y así fue como el gran Juanlu Sambruno, quizás la púa más poderosa de Cádiz, se hizo cargo de los brillantes punteos.
La comparsa, como ya venía siendo habitual, tuvo una actuación excelente en el pase de preliminares y, aunque aún guardaba lo mejor de su repertorio para las fases siguientes, fue perdiendo interés por parte del público y, ya en semifinales, evidenció lo que en cierto modo yo ya veía venir: nos había salido una comparsa demasiado a contra-corriente que no iba para nada con las modas y el tipo de letras y temáticas que en esos años arrasaban en la modalidad (fue el año del triunfo de Los Santos o de Medio siglo y, no olvidemos, el del injusto "fracaso" de una contundente comparsa como El G15).
El trabajo musical de Nene fue, como de costumbre, exquisito y ambos tuvimos algunos momentos de intensa conjunción creativa que aún recuerdo con fruición (escuchen con atención este popurrí y díganme) aunque sigo pensando (como entonces repetí a Nene y a Lali) que esta comparsa hubiera necesitado un pasodoble con más nervio y menos dulzura. Aun así, el grupo sonó de categoría y trabajó duro en el montaje del repertorio. Hoko y Berenguer también hicieron un estupendo trabajo en lo escénico, desarrollando con atractiva estética (y no era sencillo) la compleja metáfora que trataba de proponer el repertorio. Aún conservo con cariño aquel disfraz en el ropero.
Las cartas durante el concurso no las jugamos ni bien ni mal, porque, aunque se quedaron en el tintero algunos pasodobles interesantes, creo que el resultado no hubiera sido muy diferente si hubiéramos llevado al Falla letras como, por ejemplo, éstas que no sonaron en el teatro y que ahora les comparto.
Este primer pasodoble, muy en línea con los planteamientos del repertorio, era una nota de alerta y de indignación al comprobar cómo la pasión hacia el futbol hacía (y hace) que los héroes de la ciudadanía (y lo que es más preocupante, de la juventud y hasta de la infancia) sean los futbolistas de élite y los valores que, directa o indirectamente, esas figuras encarnan. Decía así:


Cuidado con tanta afición.
Cuidado con tanta pasión
por los colores de tu equipo
que es el negocio del balón
un ajedrez manipulado por los ricos.
Liga de estrellas en tu hogar,
televisiones encendidas bajo pago,
que si derechos, si fichajes, si contratos
los galácticos, las élites, la mierda
de un negocio sin moral.
Y es que esos ídolos tan multitudinarios
hoy defienden tus colores
sólo por los talonarios
¡Tú cobra y vete!
¡Porque hasta el césped es del color de los billetes!
Ese gran futbolista al que le rindes honores
sabe más bien poquito
de colores o equipos,
sólo sabe de millones.
Ni clubes ni aficiones valen para él
más que las luminarias
de sus cuentas bancarias
¡Es sólo un cabrón millonario!
¡No es un artista ni un héroe!
¡Tan sólo es un mercenario!

 Aquí pueden ustedes oírla:




Igualmente quedó fuera este otro pasodoble, que trataba de plantear una denuncia directa a los indecentes modos de ciertos promotores de vivienda (o quizás de uno concreto) que entonces hacían el agosto especulando con el casco antiguo de esta ciudad. Esta letra ni se llegó a aprender y no está ni en el cd, por ciertos motivos internos que prefiero no recordar, jejeje.


En un despacho frente al mar
con un enorme ventanal
el hombre se siente seguro,
en un despacho frente al mar,
donde se cierran los negocios más oscuros.
El corazón de esta ciudad,
el casco antiguo y sus casitas en un plano:
Ésta la compro, ésta la arreglo, ésta la cambio.
Una finca, una vivienda, un palacete,
unos bloques y un solar.
Y en esta casa viven unos viejecitos,
Don Enrique: no es problema:
yo de en medio me los quito
¡Cago en la leche!
Si no yo busco a algún gorila que los eche.
¿Qué será de esos viejos?
De eso yo ya no respondo:
Llevo mucho aguantando
que me estén estorbando
este negocio redondo.
Yo soy un empresario, no una ONG
Y aquí dice el poeta
que se acaba esta letra.
¡Dinero, maldito dinero!
En un despacho hay un hombre
que ojalá vaya al infierno.

Y para finalizar, a modo de coda, esta otra letra que no se cantó en el teatro pero sí quedó registrada en el cd.




empezando de cero todos los días


martes, septiembre 09, 2014

democratic beauty

Bella democracia, siempre jugando a elegir entre papá o mamá..

 

viernes, agosto 08, 2014

comentario de texto (4)

Del carnaval de 2011 conservo los recuerdos más confusos de toda nuestra trayectoria. Emociones intensas y, a la vez, tristonas siento aún al recordar una comparsa malhadada, errada y fracasada en su desenlace. Estoy hablando, claro, de Los pobres diablos.
La idea de partida era muy excitante: un diablo gaditano de cuernecillos y rabo, (in) feliz con su caña de pescar, su gorrilla en la cabeza, su camiseta a rayas marineras y sus gargajillos, es decir, un pobre diablo que no tenía claro si vivía en el cielo o en el infierno. Una alegoría que me parecía excitante de escribir en torno a la misteriosa (o ridícula) ambivalencia de esta ciudad: ¿Es Cádiz el sitio perfecto donde vivir o la ciudad de donde huir en cuanto se pueda? ¿Cádiz es para comérsela o para vomitarla? ¿El paraíso en la tierra o el decadente culo del mundo? ¿Cielo o infierno?
En torno a esta contradicción se basaba todo el repertorio y la idea principal sobre la que articular la comparsa. Un punto de partida que me ponía como una moto. Fue un año que se afrontó con un especial optimismo. Las cosas, sin embargo, se terminarían torciendo y no iban a ser, ni con mucho, lo esperado. No sólo en el resultado artístico, sino tambien en el personal.
La base del grupo era la misma del año anterior, aunque había algunas incorporaciones nuevas, como un jovencísimo y debutante Suso a la guitarra (que finalmente no llegó al teatro, creo recordar que por los estudios). Se incorporó el gran Añoño, que  aún sigue aquí a nuestro lado desde entonces.
Los problemas, realmente, comenzaron con una cosa no demasiado trascendente, pero que empezó a hacernos perder un equilibrio que ya no lograríamos ese año recuperar. Cuando supimos que la comparsa Los Príncipes iba también de diablos, nuestra idea principal empezó a enfollonarse en nuestras cabezas, creo que especialmente en la de Lali y en la  mía (no tanto en la de Nene, al que la coincidencia parecía preocupar mucho menos). Comenzamos a dudar de nuestro tipo de diablos y poco a poco todo se fue haciendo confuso. Cambios de ideas en el disfraz, comentarios sobre esto y lo otro, la sombra larga de Juan Carlos sobrevolando nuestros miedos... Finalmente, Hoko, el artesano, nos propuso un disfraz extraño, más genio maléfico que diablo, que aceptamos un poco a la desesperada, creo que por no darle más vueltas al incómodo asunto de la coincidencia. Además, Hoko, como diseñador, tampoco se llegó a entender del todo con el sastre, el gran Pepe Berenguer y así la idea se iba alejando cada vez más de su punto de partida. La culpa evidentemtne, no era de ellos (que hicieron su trabajo estupendamente) sino de nuestra propia confusión.
El resultado pueden ustedes verlo en youtube aquí: una propuesta confusa en el disfraz y en la escenografía (esa esquina de Cádiz mitad infernal, mitad gloriosa que no se entendía nada) que oscureció y difuminó la idea central del repertorio hasta hacerla prácticamente incomprensible para el gran público. Tampoco yo ayudé mucho con las letras que escribí, pues si se trataba de exponer una idea tan compleja, ello requería (con el tiempo uno ve esas cosas) un poco más de claridad por mi parte (especialmente en la presentación, que es donde se explicaba la idea), y sin embargo yo opté puerilmente por la dificultad en los textos y la no-concesión: y me lo tuve que comer, merecidamente, con papas.  Quisiera explicarme: no es que esté yo descontento del repertorio que escribí ese año, cuyas letras me gustan aún hoy un montón (oigan, por ejemplo, el popurrit y díganme), pero sí que todo fue en general  un torpe error mío de comunicación, de perspectiva y de astucia de concurso (el engañoso "éxito" de la comparsa en los ensayos generales tampoco nos ayudó a ver las cosas con claridad, la verdad. ¡Cuidado con los ensayos generales en ese sentido!).
Creo que, en el fondo, Nene, Lali y yo estábamos bastante despistados con respecto al papel de nuestra comparsa en el COAC, lo que nos costó ser expulsados por vez primera de semifinales (a donde no regresaríamos ya hasta Las Cigarras). Para colmo jugamos nuestras cartas con la peor estrategia posible este año en la competición. No nos las vimos venir, estuvimos bastante torpes y, en fin, ya digo: cometimos cagada tras cagada.
La música de pasodoble de Nene, sin embargo, fue impecable. Resultó para mí un lujo escribir con ella letras como esta (que no se cantó, claro, en el teatro):

 "Compro oro" dice el cartel,
y a Juana le tiemblan las manos.
"Compro oro", dice el cartel
y Juana reniega de dios.
Y temblando vuelve a pensar
en su madre y en sus palabras
en la sala del hospital
de donde ya nunca salió.
Hija, puedo tan sólo
dejarte esta herencia:
un cordón y una esclava
que tuvo tu abuela.”
Un cordón y una esclava,
la madre y sus manos
de trabajadora,
tesoro guardado en humildes alcobas
de mujeres forjadas
en la necesidad.
Y Juana ve el cartel amarillo
y cruza la puerta y le falta el aire.
Lo que compra usted no es oro,
señor joyero, lo que usted compra
es la historia de mi madre.

Y esta otra letra, que es mi favorita, y que tampoco se cantó:

  Yo corbata no sé llevar
y nunca he vestido chaqueta
pero que cierre del Moral
me ha entristecido un pelín.
Ahora en Cadi no se va a ver
un escaparate tan limpio
y el trofeo vamos a tener
que ponerlo en el Burger King.
Los chicucos peligran
por el Mercadona,
Y el Merodio está en crisis
por mor del McDonald,
Los sostenes de Amalia
por el Woman Secret
están ya temblando.
A tantos paisanos
los vemos cerrando
que parece que Cadi
está en liquidación.
¡Qué pena! Los comercios pequeños del barrio
se mueren por nuestras esquinas,
y en Cadi poquito a poco
los condenamos ¡maldita sea!
a pudrirse en la ruina.

Finalmente, la comparsa casi se desmoronó durante el carnaval. Había un extraño mal rollo entre algunos componentes y, por último, con el anuncio de Lali de que, tras estar juntos cuatro años intensos, marchaba del barco para dirigir la comparsa, precisamente, de Juan Carlos, el grupo se disolvió. Parecía en aquellos momentos el fin de mi aventura con Nene, el fin de una etapa hermosa que hasta ahí llegaba. Sin embargo, era sólo el fin de un capítulo. Detrás de Los pobres diablos, como ustedes saben, la aventura aún iba a continuar.




miércoles, agosto 06, 2014

pólvora

Polvo somos, lo sabemos
y en pólvora nos convertiremos...

martes, agosto 05, 2014

comentario de texto (3)


Un poco más en torno a la comparsa La Bicentenaria que nos quedó sin apuntar en la anterior entrega de estos comentarios. Para este año, Nene lució su siempre asombroso y flexible talento compositivo (nunca del todo reconocido en la medida en que lo merecería) con una música de pasodoble hermosísima, reposada y de una delicada línea melódica (¡qué distinta de la música que nos regalaría sólo un año después!) que estaba perfectamente adecuada al tipo que intentábamos representar.
De la misma manera, por mi parte, no tardé en comprender que la forma de escribir los pasodobles requería en los textos ciertos modos suaves,es cierto que rotundos en sus ideas y sus argumentos, pero expresados por medio de un lenguaje sencillo, simple y hasta escritos con ternura (¡qué distinto del tipo de letras que hemos traído por ejemplo este año, con Los Gallitos!). Si repasan las letras cantadas en el concurso por esta comparsa, podrán comprobar lo que les digo.
Y es que realmente, cada repertorio tiene que ser escrito de la manera en que necesita ser escrito y no de otra. Cada idea pide su propio camino y su especial estilo de componer, en la música y en los textos. A esto me refería el otro día cuando hablaba de que La Bicentenaria nos parecía hoy, visto con distancia, un repertorio coherente: cada tipo, es decir, cada concepto o, mejor, cada personaje, ha de tener su propia forma en las músicas y en las letras. Hay ciertas maneras de decir las cosas que podría decir un “gallito”, pero que chocarían cantadas en boca de una ancianita. Y, por supuesto, lo mismo al revés: sería un poco extraño oír en boca de un gallito vasilón una letra como ésta, que es una de mis favoritas del repertorio de La Bicentenaria, y que tampoco se cantó en el teatro.


Cádiz dormidita en una placenta.
Cádiz sin murallas, más que las del mar.
Este mar antiguo que es su vestimenta
cruzando la tarde
como cruza el viento en el Puente Canal.
Y un millón de olas lamiendo sus manos
y un millón de manos tocando su playa
y un millón de playas
que juegan a corro con el mismo mar.
Cádiz convoca a todos los vientos en asamblea,
Cádiz ardiendo en sus campanas de cristal
y yo la miro subidita en mi azotea
y el mar me dice: ¡Buenas tardes! ¿Cómo estás?
El sol naranja está bajando sus banderas.
Cierro los ojos y escucho el beso largo de las mareas.
Me bajo a casa, que está cayendo el relente
y hace un poco de poniente
y ya empieza a refrescar…
Y bajo dando gracias a esta vida
por dejarme que otro día
aguante esta viejecita
que vive enamoradita
de este cielo y de este mar.



Esto es algo que a menudo se descuida en algunos repertorios: la coherencia entre lo que se dice y como se dice y, sobre todo, quien lo dice. Hay tipos que permiten cierta flexibilidad, pero hay otros que, por purita coherencia, marcan en gran medida la manera en que ha de concebirse la música y, sin duda, los textos. Y, si me apuran, la escenografía, aunque de esto creo que ya hablamos el otro día.
Y como lo cortés no quita lo valiente, las viejecitas de La Bicentenaria no se cortaron un pelo a la hora de defender con contundencia el mensaje libertario que sus letras habían venido a decir y por eso, para acabar ya, les dejo aquí otro pasodoble también inédito (no recuerdo si el grupo llegó a ensayarlo) escrito al hilo de la ampliación del acuerdo que el gobierno de Zapatero firmó antes de irse con la OTAN y que reforzaba la presencia de EEUU en España en general y en nuestro suelo en particular:

Yanqui del demonio, vete de mi tierra,
levanta tus botas de mi litoral.
Garra de alimaña, garra de la guerra,
dictando la Historia con la tiranía y con la libertad.
El odio es un ciego guiando a otro ciego,
Perros de la muerte jugando con fuego,
escudo de sangre en las manos de un loco que tira a matar.
Fuera el Imperio y las estrellas de la OTAN.
Fuera las tropas de este suelo y de este mar.
Fuera el intruso que en el corazón de Rota
está incubando la crisálida del mal.
¿Quién es el necio que firmó nuestra ruina
y nos sigue encadenando con la Alianza más asesina?
¿Quien dice a Rota
que se entregue tan barato
pa que por cuatro contratos
venda así su libertad?
Yo quiero oír gritar a un pueblo entero
¡Fuera el Yanqui de mi suelo!
porque Rota no se deja
por un plato de lentejas
arrancar su dignidad.



domingo, agosto 03, 2014

comentario de texto (2)

El año anterior a Las Cigarras, nuestra comparsa se había llamado La Bicentenaria (2012). Fue un año muy especial para nosotros por muchos motivos. Primero, porque supuso el cambio de grupo que tan trascendental ha resultado finalmente para la manera de redefinir nuestra propio proyecto de comparsa. Fue, desde luego, un año de peculiar transición. Tras la marcha de la dirección de nuestro Vicente "Lali" Lázaro después de cuatro estupendos años juntos, intensos en complicidad y trabajo en equipo, nuestra comparsa pareció disolverse hasta que Nene, con sorpresa para mí, decidió a última hora formar grupo nuevo y comenzar una nueva etapa.
No andaba yo ese año con demasiadas ganas de comparsa, la verdad, pero, aunque sentía un poco de pereza por volver a empezar un proyecto nuevo, lo cierto es finalmente me animé a escribir La Bicentenaria básicamente por el hecho de que el tipo elegido representaba un ataque frontal al acontecimiento más fastuoso y a la vez venenoso que agitaba ese año la vida de la ciudad: la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812. Así que, en realidad, no me lo pensé demasiado.
Por otro lado, ese año fue especial porque es cuando se formó el grupo actual de la comparsa y su nueva etapa. Era un puñado de gente joven, entusiasta y con una energía vocal muy fresca. Perfecto para trabajar con ellos la nueva idea. Repetían del grupo anterior el incombustible Leo, el fiel David Virlán y el gran Ale Melli. Pueden ustedes imaginar las caras que pusieron los jóvenes comparsistas cuando Nene les dijo que íbamos a ir vestidos ¡de viejecitas!
La cosa es que el grupo se adaptó perfectamente y puso lo mejor de sí para llevar adelante una idea difícil que, de todas todas, sabíamos que suponía ir de manera casi insensata a contracorriente contra los gustos del momento: una comparsa absolutamente sobria, a forillo negro, con un disfraz simple y oscuro y el único atrezzo de unas mecedoras en semicírculo que querían evocar un parlamento entre humilde, femenino, libertario y popular. Porque esa era la idea principal: presentar otra manera de entender los fastos del 2012 y reivindicar al pueblo frente al parlamentarismo burgués y elitista que tanto se nos pretendía hacer celebrar.
El resultado, ya lo saben, fue una comparsa que gustó sólo a una minúscula minoría, que pasó por el concurso sin pena ni gloria, entre la incomprensión y el rechazo, y que tuvo en su contra el simplón juicio general de "¡es que es muy triste, quillo!". Nosotros, por contra, a pesar del pobre resultado de público, crítica y concurso, acabamos muy satisfechos con la comparsa: un repertorio coherente, que dijo exactamente lo que venía a decir. Y el que lo coja, pa él.
A pesar de los intentos de "dulcificar" la escena (por ejemplo, ese final del popurrí con la viejecita soplando las velas rodeada de sus nietecillos, que aún así yo nunca vi del todo claro pues yo, ya puestos, no hubiera hecho ni siquiera esa concesión) el sambenito de comparsa visualmente "tristona" dificultó en exceso la posibilidad de que la gente se parara con atención a oír un mensaje que creíamos muy necesario decir ese año.
No hay de todas formas mucho que lamentar: Nene, el grupo y yo optamos por el camino difícil, así que, tal y como se asumió el riesgo, hubo también que aceptar deportivamente el resultado en el concurso. Estas cosas son así, y así hay que asumirlas sin victimismos ni pateleos.
Como ese año por razones de dinero (¡ay, siempre el dinero!) la comparsa no grabó CD y dado que sólo cantamos en el teatro cuatro pasodobles (preliminares y cuartos) fueron muchas las letras interesantes que quedaron en el tintero, es decir, en el libreto, y que poca gente llegó a conocer. Por ello, si les parece bien, en la próxima entrega volveré a comentar esta misma comparsa por si logro despertar en alguno de ustedes las ganas de volver a oírla, esta vez sin prejuicios, para redescubrir cosas que en su momento les pasaron inadvertidas.
De momento, aquí les dejo un par de pasodobles que me parecen interesantes. Este primero sobre los modos del neofascismo que ese año mostraba (y aún muestra) el gobierno de este país.

Tengo ya dos siglos, soy bicentenaria
y por eso mismo los conozco bien.

Han estado siempre rondando mis faldas
y en la historia han hecho muchísimo daño
y poquísimo bien.
Son los que gritaban Patria y Monarquía,
Vivan las cadenas y las jerarquías,
Dios, familia y orden,
que quemen los libros, que es malo leer.
Los que lamieron los botines del Tirano,
los que besaron el anillo a Monseñor,
los de la cruz y el catecismo en las escuelas,
los del Imperio donde no se pone el sol.
Son esos mismos que hoy agitan sus banderas
¡Que se prepare el obrero!
¡Viva la Banca y la Gran Empresa!
Maldito sea el socialismo de hojalata
porque en bandeja de plata
el país les entregó.
Por eso a esta vieja no le engañan,
yo conozco bien España
y no soy ninguna idiota: 
que hoy el Águila es Gaviota 
ya ver quién me dice que no.
O este otro, donde estaba uno haciendo purito aerobic poético-popular para mantener el músculo entrenado, y que no sé si en su momento hubiera o no gustado en el COAC. Ustedes dirán...
 Hay besos que suenan como un rompeolas
y hay besos callados que apagan la luz,
besos para una niña que se duerme sola.
Hay besos resecos y hay besos mojados de espuma y champú.
Besos de pan tierno cada mañanita.
Besos que son letras que no están escritas
y hay besos que quieren dejarte en la boca sellada una cruz.
Hay besos cortos que en verdad no son ni besos.
Hay besos largos tiritando en el andén.
Besos de rabia en las alcobas del secreto
Para dos amantes que se alejan otra vez.
Hay besos tontos, sin sentido ni criterio,
y hay besos que desearían
beberse el llanto en un cementerio .
Mientras hay besos con sabor a despedidas
otros son de bienvenida
y calientan más que el sol.
Los besos, los más mágicos y sabios
telegramas de los labios…
Pues de los besos que existen,
¡Ay, canalla! tú me diste
sólo el beso del traidor.

 

sábado, agosto 02, 2014

comentario de texto (1)

Por petición de alguna gente amiga y tal y como propusimos hace unos meses, vamos a ir subiendo aquí algunas letras antiguas de nuestra comparsa en años anteriores y que, por uno u otro motivo, apetece no sólo compartir sino también comentar.
Y para empezar el pasodoble que más apetece es este de Las Cigarras (2013) y que, aunque el grupo aprendió, ensayó y hasta grabó en el CD, no llegó nunca a cantarse en el concurso por aquellas cosas de las estrategias, erróneas o acertadas, que se plantean a la hora de seleccionar y ordenar el repertorio con el que se compite en el Falla.
Desde el primer momento era yo partidario de usar esta letra como arma de competición, no tanto por su efectismo o su pegada, sino por el ejercicio literario que suponía. Y es que, en mitad de tanta épica y tanto zapatazo comparsero, a veces sienta bien un poco de lírica y de reflexión. Por eso siempre fui partidario de cantar esta letra cuando la comparsa alcanzó las semifinales, y así lo propuse con insistencia. Finalmente, la cosa no se logró consensuar en el local de ensayo y se optó por cantar el pasodoble de homenaje con el que abrimos nuestra noche de semifinales.
La letra en sí parece a primera vista un simple piropo, pero desde luego es mucho más, y plantea (o al menos intenta plantear) una peculiar reflexión sobre la posibilidad de otra manera de entender las relaciones amorosas, desde la libertad y el no sometimiendo, especialmente encarnada en la figura de la mujer que protagoniza la copla.
Pero, como suele suceder, la lectura que de ella se debió hacer para decidir finalmente su descarte creo yo que obvió todo esto y, efectivamente, se entendió en el mero "piropito". Soy de la opinión de que letras así, si me perdonan ustedes la pedantería, no sólo enriquecen y diversifican un repertorio, sino que plantean al público que las coplas de carnaval pueden (y quizás deben) ir a veces un poco mas allá de lo esperable y esperado. Ensanchar los márgees estrechos que encajonan las posibilidades literarias de la copla de carnaval es algo que los autores deberíamos, de vez en cuando, tener presente.
Aún creo que fue una lástima que no se cantara, pero lo cierto es que hay veces en las que los que hacemos carnaval (y quienes lo oyen) preferimos a menudo el choped al jamón. Nada, de todas formas, a lo que uno no esté ya más o menos acostumbrado.
La letra decía así:

Que si me quiere, que no me quiere...
la margarita esta ¿qué sabra?
porque si hablamos de las mujeres
yo sé de una que esta enamorada de la Humanidad.
Y con su pelo oscuro y sus labios guerrilleros
ella anda por el mundo 
como quien va siempre escapando de un tren,
y con su sangre roja, pero roja como el fuego,
yo le ayudo a ser hombre 
para que ella me haga un poco más mujer.
Mi dormitorio tiene siete puertas si ella llama
para bailar conmigo en los trapecios de mi cama.
Nunca soñó con ser la princesita hermosa,
que esa mujer prefiere el violeta que el rosa.
¿Me quiere o no me quiere? ¿Qué será?
¿La tengo o no la tengo? ¡Qué mas da!
¡Si a los amores libres ni el diablo los agarra!
Ella es la luna enorme de un agosto en bajamar
que, si aparece, empiezan a cantar
toditas las cigarras.


No fue pequeño el consuelo de saber que, al menos, aunque no sonó en el concurso, el grupo la lució y la defendió estupendamente en actuaciones posteriores, como en este video.

viernes, agosto 01, 2014

cualquier sitio


miércoles, julio 30, 2014

un poema de john berger


En un puñado de tierra
he enterrado todos los acentos
de mi lengua materna

allí yacen
como agujas de pino
reunidas por las hormigas

Puede que algún día el llanto balbuciente
de otro vagabundo
las incendie

entonces caliente y consolado
oirá toda la noche
la verdad como una nana




martes, julio 29, 2014

cocinando a pedro sánchez


poesía, lenguaje y desgarrones

Ahí, en el lenguaje, es donde está, por así decirlo, la habitación más visible, la morada más visible de eso a lo que aludo como pueblo y que no es individuos ni conjunto de individuos. En la lengua de verdad, no en la cultura, no hay quien mande, no hay amo que mande, no hay Dios que mande. Es algo que hacemos así de bien gracias a que no sabemos cada uno, personalmente, lo que hacemos con todo ese artilugio complicado de la gramática y la lengua. Ahí es donde está el aliento de esa verdad que no existe, que se contrapone a la falsedad existente.

Es normal que desde pronto haya sentido este amor por eso que nos queda de lengua viva, ese verbo que se encarna cada vez que viene a parar un niño a este mundo: la encarnación del verbo (…) Jugar con el lenguaje es jugar con el Tiempo. Poesía implica una denuncia del Tiempo dominante, manipulado, impuesto. El Tiempo debiera ser aquella cosa inasible que, por lo tanto, no puede concebirse ni traducirse a Idea. Sin embargo, se usa, se vende, se fragua. La Banca y el Estado lo necesitan como Idea, como algo reducido a espacio. Y ésta es una de las principales formas de falsificación. De obtención de eso que llaman Realidad y que como tal se nos vende.

La poesía podría hacer algo como desgarrones en esa ideación sistemática del Tiempo (y, por tanto, de la Realidad toda) que fueran como vislumbres de esa falsificación.

Agustín García Calvo




jueves, julio 24, 2014

palestina jump!


martes, julio 15, 2014

qué panorama


jueves, julio 10, 2014

consejo

ecce woman

lunes, junio 16, 2014

canción roja para dadá

El gato abre los ojos
El gato respira
El gato abomba sus pupilas
El gato calibra la luz
Comienza a mirar
Y ve que el mundo ahora es rojo

El mar es rojo a lo lejos
Y es rojo el sol
Y rojos los árboles del parque rojo
Y por la ventana roja
La ciudad roja latiendo
Como un motor rojo
Con el ritmo rojizo de los días
El calendario de las estaciones rojas
Un aeroplano rojo
Traza una estela roja en mitad del cielo azul

Luego Dadá regresa dentro
De la roja habitación
Y sobre la alfombra roja
Aún sigue derramada
La sangre del ratón
Blanquísima y espesa como la luz

El gato cierra los ojos
El gato mira
El gato gime

El gato soy yo


domingo, junio 08, 2014

otra vez lo mismo

En la primavera de 2011 pudimos observar estupefactos cómo alguna gente de izquierda, quizás con su pensamiento demasiado apegado a estructuras de partido, desconfiaba con torpe hostilidad del 15M.
En la primavera de 2014 podemos observar estupefactos cómo alguna gente del 15M, quizás con su pensamiento demasiado apegado a consignas de pancarta, desconfía con torpe hostilidad de Podemos.
Otra vez lo mismo: Infantilismos de las Izquierdas. Riña de siameses. ¡País de cainitas!


viernes, mayo 02, 2014

amor río mar pantano


¿Qué es tu amor: río, mar, pantano? ¿Qué orillas baña: las de un mundo o las de una isla?
¿Qué reglas le has puesto al juego? ¿Qué queda del juego entre tantas reglas?
Quien va contigo, ¿es compañía en la ruta o ruta en sí?
¿No es tu amor absoluto también un poco absolutista?
¿Qué puertas cierran tus candados más seguros? ¿Qué huecos muestran tus puertas más abiertas?
¿No puede a veces más tu plan preconcebido que la amplitud de tu amor?
¿Con qué teoría escondes las preguntas que no te haces?
Cuando algo te hace daño, ¿te lo hace porque de verdad se clava, o porque has aprendido que se trata de algo que debe sin duda doler? ¿No finges a veces un poco tu malestar? ¿Más o menos veces de las que lo ocultas?
Cuando dices que tú no sientes celos, ¿es porque no los sientes o porque sabes que no deberías sentirlos?
¿Qué te hace bien? En serio, de nuevo: ¿qué te hace bien?
Si de niña sabías de tus contornos sin barreras, de tu cuerpo circular, ¿por qué hoy te encajas en estrechas avenidas, caminos de una vía, disfraces que deforman lo que antaño fue un bosque fértil?
¿Y qué tú acalla a su vez el tú que grita?
¿Qué alfabeto olvidaste para decir tantas veces sí cuando dudas y no cuando te sofoca el deseo?
¿Por qué grietas se resquebraja tu cielo? ¿Qué cristal te hace de techo cuando intentas tocarlo?
¿Y cómo son tus alas? ¿De gorrión? ¿De mariposa? ¿De ángel, de avispa, de niña jugando?
¿Qué decides cuando no decides?
¿Estarías donde estás si no te hubieras encontrado con el amor? ¿Y qué pasa si la respuesta es sí? ¿Y qué pasa si la respuesta es no?
¿Cuánto hay de ti en lo que atribuyes a quienes amas? (Te lo pregunto para bien, te lo pregunto para mal).
Cuando tanto piensas en una pena que tiene que ver con tus amores, ¿no sería más justo pensar en qué te ocurre a ti, a verdaderamente tú, a ti con tu vida?
¿Con qué derecho amoldas a quien contigo va? ¿Con qué derecho te amoldas a quien contigo va?
¿Cuánto hay de ti en la soledad que temes?
Cuando dices “no me amas lo suficiente”, ¿te has parado a pensar que lo no-suficiente más bien sea el amor de quien se pone a recontar y a comparar? ¿Hubo alguna vez en la que no te faltara algo?
¿No te ocurre a veces que la otra persona ni ha empezado a sangrar y ya estás amputando, ya te estás amputando?
¿Dónde trazas las líneas que separan la discreción de la mentira, el cuidado del control, la atención de la necesidad?
¿Por qué nos empeñamos en pensar que el camino tiene un solo sentido posible, que la corriente no puede cambiar de dirección?
¿No sabremos llevar un poco mejor el peso de lo que nos nutre? ¿No tendremos un poco más a mano la indulgencia? ¿No seremos capaces de vivir viviendo, más que vivir en un para-qué?
¿De veras puede el desamor ser unilateral?
¿Qué pregunta es la que al final nunca logras hacerte?

Fragmentos del artículo Abismos (una aproximación)
de Alba González Sanz y Laura Casielles



martes, abril 08, 2014

el último aviso de george


lunes, abril 07, 2014

un relato de Enrique Anderson Imbert

El ángel de la guarda le susurra a Fabián, por detrás del hombro:
-¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.
-¿Zangolotino?  -pregunta Fabián azorado.
Y muere.
 


sábado, abril 05, 2014

barbie al fin ha visto la luz


viernes, abril 04, 2014

pollitos que no llegaron a gallitos (y 6, final)

Y creo que con este pasodoble terminamos ya la serie de los "Pollitos...". En el tintero quedan, claro, otros materiales dispersos: retales, fragmentos, cuartetas a medio escribir, cuplés inconfesables y pasodobles comenzados que no llegaron siquiera a terminar de escribirse, pero de los que dudo que tengan interés para quienes hayáis estado siguiendo estas reflexiones en torno a nuestras letras inéditas.
Hay, también tres pasodobles más que no se cantaron en el concurso pero que sí que se aprendieron, se montaron, se grabaron y han quedado registrados en el cd y en el libreto de la comparsa. Seguro que ya alguna gente los ha curioseado y los conoce (me refiero a "Coplas benditas", "Mira a esa dama" y a "Un miedo viejo", que no sonaron en el teatro pero sí han sonado en la calle).
Este último pasodoble secreto, pues, tampoco llegó al local de ensayo porque me pareció una vez acabado que no apotaba ningún punto de vista del todo nuevo, básicamente porque su mensaje se parecía mucho a otras letras que ya hicimos en nuestra comparsa en años anteriores, en los que tratábamos con rabia la situación del país y las fechorías del partido que nos toca padecer al frente de la hecatombe económica, política y social (y moral) que padecemos..
Aunque visto lo visto, y viendo la deriva descaradamente totalitaria que está mostrando este gobierno, esta letra bien podría haberse escrito para lo recientemente sucedido en Madrid el 22M y en los días posteriores.


Pa ser tirano, pa ser fascista

no es necesaria la camisa azul ni el pollito franquista.

Pa ser tirano, pa ser dictador, cacique y reyezuelo

solamente es necesario no fiarse de tu pueblo.

A los tiranos nunca les ha hecho ni pizca de gracia

que la gente esté en la calle reclamando democracia.

A los tiranos no les interesa que exista justicia:

nombran a sus propios jueces y reparten su tartita.

Nunca a los tiranos gustó rendir cuentas a nuestra memoria

y nos la entierran entre las cenizas de su negra historia,

de su negra historia, de su negra historia.

¡Palos y tiros por la calle! ¡Duro con la gente!

¡Que dé el franquismo un paso al frente!

Que ya vendrá la propaganda del terror

y el panfletismo en la televisión

pa demostrar que aquí está todo atado.

España enferma, hermanastra del dolor,

¡Qué país tan desgraciado!

Ay, pueblo de mi sangre, ¿quién te tiene arrinconado?

Pequeña democracia, ¿dónde estás? ¿quién te ha matado?



 PD: Si os apetece y os interesa, podemos ir subiendo próximamente letras desconocidas e inéditas de años anteriores, pues en estos años han quedado en el tintero cosas que ahora, con esta perspectiva, pueden resultar interesantes de rescatar y comentar.