sábado, febrero 20, 2016

doce de los doce (4)


Vamos con otra de las letras de “Los Doce” que no sonó en el teatro, aunque en este caso este pasodoble sí que podemos oírlo en el CD.
Pudiera parecerles a primera vista que se trata de un simple homenaje a los carnavaleros del ayer que hoy ya no están entre nosotros, es verdad, y eso justificaría más que sobradamente el sentido de la letra, pues siempre hay que estar agradecidos para recordar con cariño a quienes nos precedieron abriendo la senda que hoy nosotros transitamos.
Sin embargo, si miran con un poco más de detenimiento la letra, podrán ver que en realidad se trata de una reflexión sobre el paso del tiempo y la efímera caducidad de la fama y la gloria, y su frágil persistencia en la memoria de la fiesta. Más que una letra para los carnavales del pasado, es una reflexión para compartir entre los carnavaleros del presente, a menudo deslumbrados por el éxito y la popularidad de los premios, los dineros y los éxitos. Esa efímera burbuja de humo de colores que, implacablemente, siempre se va a acabar esfumando ("La ola del tiempo pasó por aquí / borrando la flor, pero no la raíz").
Digamos que la letra trataba de ser una relectura a lo carnavalesco del célebre tópico latino de “Sic transit gloria mundi” (“Así pasa la gloria de este mundo”), cosa que además me resultaba especialmente evocadora (y emocionante) oírla cantada por gargantas que bien saben de ese tema (ya mientras escribía este pasodoble, imaginé las caras de Ángel, Carlos o Edu -por hablar de los más veteranos- cantando ese verso que dice: “Escúchame, compañero / que yo entiendo de lo que hablo”.
La letra gustó mucho la noche en que la llevé al ensayo, y se barajó en no pocas combinaciones posibles como carta a utilizar en alguna de las fases. Pero cuando arrancó el concurso y todo comenzó a ponerse serio, se empezó a dudar de la capacidad competitiva de la letra y, poco a poco, fue silenciosamente descartada hasta que ya nadie apenas hablaba de ella. Cierto es que no parecía a priori una letra adecuada a la durísima competición, pero más allá del concurso y sus lógicas, creo sinceramente que el mensaje central de esta letra es algo que todos los años debería, de una u otra manera, tenerse presente en el Falla para recordarnos, en mitad de este huracán de idolatría y narcisismo, que no nos demos demasiada importancia, por favor, cuando subimos a un escenario. En realidad, si uno mira al pasado, somos hojitas pequeñas barridas pronto por el viento. Por ponernos de nuevo pedantes: “Memento mori”, jejejeje.
Como curiosidad técnica, me gustaría confesaros que realmente me las vi negras para encajar, en una estructura de versos tan pequeña y constreñida, los nombres de los viejos autores. De hecho, algunos versos (lo comprobará fácilmente la gente más espabilada en cuestiones técnicas) suenan un poco forzados, y a algunos acentos y ciertas sinalefas se les notan un poco los martillazos. Eran muchos nombres, poco espacio, rima interna, acentos abruptos... No pude cuadrarlo mejor, lo siento.
En fin, seguramente son cosas que un autor sensato no debiera nunca mostrar ni subrayar en público. Pero es que uno, en realidad, no es muy sensato, jejeje.

La historia es igual que las olas
que una se come a la otra
y nada en verdad permanece.
Y la fama, el triunfo y la gloria
en los pozos de la memoria
se desvanecen.
La fama, el triunfo y la gloria
sobre todo en el carnaval
son angelitos de día
y son de noche diablos...
Escúchame, compañero
que yo entiendo de lo que hablo.
Juanito Poce,
Pedro, Ricardo y Torres,
Cañamaque y Villegas
Cañamaque y Villegas
y Gamaza y Paquito Campos,
Paco Alba, Fletilla, Delgado,
y Chimenea,
don Antonio Rodríguez y Aguillo, 
maestros que fueron latidos
que hoy nos golpean…
La ola del tiempo pasó por aquí,
borrando la flor, pero no la raíz.
Memoria y respeto
es to lo que pido,
que es por esos muertos
que hoy estamos vivos.


Aquí, si gustan, pueden oírla cantada por estos doce monstruos.


viernes, febrero 19, 2016

doce de los doce (3)


Sin demasiados comentarios, esta letra no la busquen en el CD ni realmente en ningún sitio. Es una letra que jamás, hasta ahora, ha salido del disco duro de mi ordenador. Ni siquiera "Los Doce" la conocen. Se trata de un pasodoble que escribí una noche, así, casi de una sentada, porque tenía muchas ganas de escribirle a las calles en las que vivo y habito. Me gustó mucho el resultado final, pero viendo por dónde iban los derroteros de la competición, decidí guardármela para mí y ni siquiera presentársela al grupo.
Hoy la comparto aquí con vuestras mercedes por si alguien pudiera gustar de leerla.

Al vivir en el centro del centro  
yo siento latir muy adentro  
el corazón viejo del mundo.  
Al socaire en la calle Argantonio  
recoge su cola el demonio  
más vagabundo.  
Las risas por las escaleras,  
palomas por San Agustín,  
olor a leche caliente,  
el sol pegando mordiscos,  
y el bronce de las mañanas  
con campanas  
por San Francisco.  
En Candelaria  
las flores libertarias  
con que me enamoraste,  
con que me enamoraste,  
las velitas de la Santa Cueva,  
olor a puchero que llega  
desde la calle,  
y la gente abrigando a la gente  
pa que la canción del poniente  
nunca nos falle.  
A un lado la Tierra y al otro la mar.  
La luna en las torres clavando un puñal.  
Yo habito las calles del centro del centro  
y lo que te he escrito es todo lo que siento.


lunes, febrero 15, 2016

doce de los doce (2)



Vamos con la siguiente entrega de las letras de la comparsa “Los Doce” que se quedaron sin cantar en el concurso. En esta ocasión les comparto un pasodoble cuyo planteamiento me gustaba mucho y del que me sentía muy orgulloso pero que fue recibido por el grupo con una para mí inexplicable frialdad. Sé que la letra llegó en un momento de tensión máxima, con el concurso en plena efervescencia y que los doce estaban ya a esas alturas algo alterados y sin tener muy claro la dirección de la comparsa en la competición y, por tanto, sin pulso firme para manejar con claridad las letras que tenían entre manos para jugar en cada pase.
Esto es una cosa que ya notaba claramente cuando estaba con Nene Cheza: puedes pasar meses diseñando con cuidado, astucia y precisión un repertorio y tener clara y consensuada la estrategia que llevas al teatro pero, luego, una vez comenzado el concurso, la gente comienza a dudar, llegan las confusiones, las incoherencias, los miedos, vacilaciones, dudas, contradicciones, titubeos, discusiones, lo que hace unas semanas estaba luminosamente claro, de repente, deja de estarlo. Y se empiezan a manejar argumentos y contra-argumentos desconcertantes, pueriles, a veces hasta absurdos. Se pierde el Norte. Se confunden los caminos. Se deja de estar seguros de lo que estaba seguro. Y en esto no son tan distintos los grupos de infantería de a pie que las comparsas de élite, créanme. El huracán de la competición mueve hasta los cimientos más estables. Los más ingenuos lo llamamos concursitis. Los más cínicos, cagalera.
Pues digo yo que la insulsa reacción que tuvieron mis queridos doce meses ante este pasodoble se debió, creo, a que les llegó en estos momentos de zozobra, confusión, miedito y desconfianza, porque si no me explico cómo no vieron la interesante carta de concurso que supone este pasodoble. Y aún más allá de su capacidad competitiva, lo cierto es que era una letra que llevaba latiéndome dentro y tenía muchas ganas de decir. Y de decirlo de esta manera no, precisamente, previsible ni, creo, trillada.
Espero que a ustedes les guste tanto como a mí.
 
Hoy, 2016, nueva era,
los viajes no tienen fronteras
en este planeta pequeño.
Hoy que damos la vuelta a cien mundos
en menos de ochenta segundos
con nuestros dedos.
2016, y es que el mundo
no fue tan pequeño jamás:
Cien mil amigos contigo
entre las teclas del whassap
y alguien recorre el planeta
sentadito desde su casa.
Por donde vayas
móviles y pantallas
conectando a la gente, conectando a la gente.
Hoy que a todos tenemos a mano
y estamos al fin conectados
constantemente.
Di ¿por qué sin embargo he sentío
esta soledad y este frío
aquí en mi frente?
¿Qué coño nos pasa en esta sociedad?
¿Qué clase de vida podemos esperar?...
Si nuestra vecina se muere en su cama
y se pudre a solas ¡y no pasa nada!


sábado, febrero 06, 2016

doce de los doce (1)



Comenzamos aquí una pequeña serie de entradas en las que iremos compartiendo las letras de la comparsa “Los doce” que no han sonado en el teatro. La totalidad de un repertorio no es lo que suena en el Falla. Eso es sólo una parte. Normalmente un repertorio tiene más recorrido y suele componerse de piezas diversas que, por la propia dinámica de la competición, son guardadas, pospuestas o directamente desechadas, no tanto por su calidad o interés sino por su capacidad competitiva o de impacto. El teatro, lo habrán notado ustedes tanto como yo, se ha vuelto un concurso de impacto más que de calidad de letras, aunque a veces lo uno y lo otro sean cosas compatibles y a veces no. Estas letras no mostradas, cuando se les presta atención, nos muestran la complejidad y redondez de los repertorios, cosa que por desgracia los pases del teatro nos impiden descubrir.
Por eso me gustaría ir mostrando aquí, como ya hicimos en otros años anteriores, las letras que no han llegado al teatro aunque el grupo las tuviera aprendidas y preparadas. A mí, como aficionado, me interesan mucho esas letras que quedan relegadas a los CD, a los libretos o, con suerte, a alguna actuación. Y me interesan porque en ellos a menudo se muestra con limpieza las aportaciones y las ideas que el autor tuvo y que, por mor del propio concurso y sus derivas, quedaron fuera. Me encantaría que los autores a los que admiro (que pocos no son) nos mostraran a quienes les seguimos sus descartes, sus cartas guardadas o, simplemente, sus letras más personales, libres y genuinas. Las que se escribieron de espaldas al concurso o, incluso, a los propios gustos de su grupo (que no ha sido, por cierto, mi caso).
Por lo que a “Los doce” respecta, llegué al grupo ya entrado noviembre y mi tarea solo fue escribir pasodobles y cuplés. Como me sentí tan bien recibido por el grupo y la propia idea de la comparsa era tan particular (ya saben, pocos componentes, mirada amorosa hacia el pasado de la modalidad, sin aspavientos ni trampas, con la música de Noli…), a pesar del poco tiempo que quedaba para el inicio tan tempranero del Falla, prometí escribir doce pasodoble (uno para cada componente, jejeje) para que eligieran cómodamente el juego con el que mejor desearan afrontar la competición. Y, cumpliendo la promesa, doce pasodobles les entregué, de los que en el teatro solo se ha cantado la mitad. Los iremos desgranando en estos días, si a ustedes bien les parece.
Para empezar, aquí les dejo esta, una de mis favoritas y de la que me ha dolido mucho que, por esas cosas que pasan, no se cantase en el teatro.


La mujer mojarrita me dijo:
“Yo duermo esta noche contigo,
que quiero nadar en tu cama”.
La mujer mojarrita es valiente,
es libre y es inteligente
y es gaditana.
No quiere más hombre que al hombre
que aprenda a sentirse mujer.
Lleva el Atlántico entero
en sus ojitos canallas,
y su palabra es de piedra
y su cuerpo es una playa.
Y es tan gloriosa
que tan solo es hermosa
cuando le da la gana
cuando le da la gana.
Y en los charcos que encuentra en el suelo
se para y me dice:
“Moreno, pisa mi capa”.
La mujer mojarrita es tan grande
que es ella quien viene a cantarme
a mi ventana.
No existe trasmayo, ni anzuelo, ni red
que el corazón tuyo lo pueda coger.
¡Que tu amor no cabe
en una pecera,
Reina sin corona de to las sirenas!