viernes, febrero 27, 2015

comentario de texto (12)


En esta ocasión quisiera compartirles a vuestras mercedes una letra que para mí fue muy especial y que escribí con mucho interés, pero que se quedó en el tintero, no ya porque no se cantó en el teatro, sino porque ni siquiera llegó a aprenderse.
La noche en que la presenté en el local de ensayo, el grupo la rechazó de pleno apenas comenzó a aprenderla. No andaba yo muy dispuesto a aquellas alturas a discutir mucho con nadie, dada la falta de sintonía que he sentido este año entre la gente de la comparsa y las letras que yo iba arrimando, pues a pocas no se les había cuestionado alguna cosa, así que finalmente la letra se quedó sin aprender. Al menos, insití yo, aunque sea cantada con papeles en mano, que quede constancia de ella en el CD y se grabe, por favor. Y así fue. Y por eso podrán ustedes oírla en el video que acompaña a esta entrada.
El pasodoble en sí, es un anti-piropo a la ciudad: un intento descorazonador de reflejar con amargura la triste realidad de una ciudad envejecida, no solo poblacionalmente, sino incluso sociológica y culturalmente. Un lugar como Cádiz, históricamente un bullicioso hervidero de gente, alegría y tolerancia, de noches largas y calles animosas, se ha convertido en apenas unos años en una ciudad de mentes bienpensantes, jóvenes exiliados o ninguneados y un sitio de una pobreza identitaria realmente aterradora, la ínsula marchita de una ancianidad cascarrabias y aborregada que impone la ley del descanso, la abstinencia y la resignación, con un vecindario irreconociblemente reprimido, asustadizo, recogidito y limpito, y un folclore pseudo-chovinista y descafeinado que ya no hace tanta gracia ni es tan irónico como siempre lo fue. Una excelente prueba de todo esto ha sido la aterradora reacción que la ciudadanía en general (y del carnaval del COAC en particular, letras incluidas) ha tenido frente a un pequeño anuncio de excursiones a nuestro carnaval en el que vendían alcohol y ¡regalaban preservativos! El teofilismo fachita, cursi y rancio se ha metido ya de tal forma en el ADN de la gente de esta ciudad (¡y de nuestra propia generación!) que hasta la mismísima Teófila tuvo que salir a dar explicaciones y parar los pies al viejunismo recatado y represivo que nos ha poseído sin apenas darnos cuenta en estas dos últimas décadas.

Pues sobre todo esto y más, trataba uno de hablar en su pasodoble. Pero con papas me lo comí.

Y por esos días, recuerdo que un amigo me dijo cuando le enseñé este pasdoble:
- Cucha, poeta ¿pero tú no tienes cosas bonitas que decir de Cádiz?
A lo que yo le contesté:
- Sí, muchas. Muchísimas. Pero esas cosas tan buenas y bonitas que tienen esta ciudad y sus gentes ya lleva la modalidad de comparsa medio siglo diciéndolas y repitiéndolas sin tregua. Y ya ves cómo nos ha ido...

Cádiz viejuna, Cádiz marchita,
Cádiz anciana, Cádiz fachita,
Cádiz geriátrico donde engatusan a las abuelitas
y las tienen muy contentas con café y con galletitas.
Cádiz que te escandalizas si ves a los jóvenes con botellones
y que en carnaval te indignas 

si venden alcohol y regalan condones.
Con tu censo envejecido con caca de perro
y con la hemorragia de una juventud derecha para el destierro.
Cádiz con toque de queda, Cádiz del pijama
y a las once en punto todo el mundo en la cama.
Cádiz de termalgín, sonotone y sacristía,
Cádiz que le están robando 

a tu juventud la vida y la alegría.
Cádiz trimileria, cuna de la libertad

¡Abuelo, no me cuentes ya más batallitas!
La Cádiz más hostil,
Cádiz decrépita y senil,
con su alcaldesa y su alguacil,
Cádiz caduca, chocha y desdentada.
Sin carril bici, pero con carril bastón derechito a la farmacia.

Mi cadiz chuchurría, seca y arrugada:
"La ciudad que funciona"... pero a base de Viagra.



miércoles, febrero 25, 2015

un poema de Lenore Kandel

Me crees cuando te digo / eres hermoso
aquí de pie te miro la visión de mis ojos
penetra la visión de tus ojos y te veo y eres animal
y te veo y eres divino y te veo y eres divino animal
y eres hermoso
lo divino no está separado de la bestia; es la criatura total que
se trasciende a sí misma
el mesías que ha sido invocado ya está aquí
eres el mesías que espera renacer en la conciencia
eres hermoso; somos todos hermosos
eres divino; somos todos divinos
la divinidad se aparece en su propio reconocimiento
acepta el ser que eres              e  ilumínate
con tu propia y clara luz

jueves, febrero 12, 2015

comentario de texto (11)



Continuamos con los comentarios de texto, esta vez sobre las letras que Los Borregos trajeron a la fase de semifinal.
De entrada, y para completar la cosa, pongo directamente, sin mayor comentario, la letra de la cuarteta del tercer personaje que pasaba por el popurrit: el matarife/banquero (en el cajón de mi disco duro quedará para siempre el cuarto personaje: el veterinario/sacerdote).


¿Y ahora este tío quién es? Ese es el señor banquero
y en su mano puedes ver su faca de carnicero.
El matarife insaciable que es el dueño del rebaño,
el que ha comprado la hierba donde nosotros pastamos.
El que ordena su trabajo al perrito y al pastor.
El patrón del matadero donde nunca llega el sol.
El amo de estas cadenas que nos atan al corral,
y nos cría y nos engorda pa degollarnos al final.
El que reparte mi carne con sus tres o cuatro socios
porque somos su ganancia, sólo somos su negocio...
Tu avaricia es nuestra muerte,
tu riqueza es nuestra hambre
y es el vino de tu copa, tu copa
¡nuestra sangre! 


Pero quisiera centrar estos comentarios especialmente sobre los pasodobles, no tanto sobre los dos que cantamos (creo que no hay mucho que explicar sobre la letra a Canal Sur), sino sobre el debate previo que hubo en torno a la elección de letras con las que concursar, que quizás eso sí resulte interesante para alguien.
Hasta apenas media hora antes de pisar el escenario, la pareja de pasodobles qie íbamos a presentar se componía del susodicho tema de Canal Sur (que ése estaba claro y reservado para esa ocación desde el principio) y,en lugar del que cantamos el segundo, este otro:

Como muy pronto votar debemos
lo tengo claro: voto a Podemos, 
porque han venido pa cambiar el rumbo de nuestras desgracias
y nos traen un aire nuevo con olor a democracia.
Pero he escuchado en la tele 

que aunque nos parezcan mu buenos chavales
son unos antisistemas, y unos dictadores, y unos radicales
y yo que me creo to lo que la tele diga
paso de Podemos y voy a dar mi voto para Izquierda Unida
pero me ha dicho un colega que está comprobado
que sus ideales ya están caducados.
Así que yo en verdad paso de los comunistas
por eso seré sensato y voy a dar mi voto pa los socialistas
pero en los socialistas no se pude confiar
con el tontajo ese de cara guapita...
Que aquí lo que hay que hacer 

es trabajar y hacerlo bien
por eso votaré al PP
que son los más honrados en España.
Si así votamos, sin sentir y sin pensar
sin coherencia ni criterio,
no pidas mi respeto cuando diga luego
que yo no creo en esta democracia de borregos.




La cosa es que no andaba yo del todo convencido con esta letra, principalmente porque cuando yo la escribí y la llevé al ensayo tenía otro final mucho más contundente y rotundo, que al grupo no gustó. Cuando fue el mismísimo Nene quien me cuestionó el final de marras, opté por darme por vencido y cambiar el final. Escribí varios finales alternativos (que ninguno me parecía tan redondo como el original) y finalmente el grupo eligió este que les he compartido. A mí este pasodoble desde ese momento, aunque me encantaba en su desarrollo, me pareció una letra empobrecida por un final postizo y que dejaba el pasodoble a medio gas. Así que cuando se eligió para cantarlo en Semifinal, no andaba yo del todo convencido.
Fue ya el dia D en el local donde el grupo había quedado para vestirse y maquillarse, un rato antes de partir caminito del Falla, cuando se decidió (creo que felizmente) no cantar esa letra y cantar la letra al "amor libre" que ustedes habrán oído y que me encantará comentar con detalle en otra ocasión, porque tiene su enjundia.
Tuve que salir corriendo a casa de una amiga que vivía cerca de la plaza Fragela para imprimir la letra nueva y presentarla en tiempo y forma. Se repasó algunas veces antes de cantarla (lo cierto es que la letra de "No eres mi novia" estaba perfectamente aprendida y ensayada) y así quedó finalmente. la cosa.
Y esto es lo que queria, sobre todo, compartirles: así funcionan a veces los entresijos de esta competición siempre emocionante, siempre lleno de dudas, siempre alerta a los cambios en las propias reglas de la dinámica de las estrategias y en la ilusión por darle a la comparsa contenido, sorpresa y capacidad competitiva. El juego del COAC y todo lo que hay tras cada copla que suena en el Falla es, en realidad, una aventura siempre emocionante y llena de curiosidades internas que la gente aficionada a las coplas gustaría en muchos casos mucho de conocer.
Y para finalizar, por si a alguien interesa, el rechazado final primero de la letra que les he compartido hoy decía así:

... Que aquí lo que hay que hacer
es trabajar y hacerlo bien
por eso votaré al PP
que son los más honrados en España.
Soy un votante con coherencia y libertad
que voto a quien lo merece,
por eso no tolero las ordinarieces
del tonto que me ha dicho: “Que me follen cien mil veces”
.



sábado, febrero 07, 2015

comentario de texto (10)

Continuamos con los "Comentarios de texto" en torno a Los Borregos, esta vez sobre el repertorio que trajimos en la fase de cuartos. Desde entonces a hoy he estado pensando un buen rato sobre las letras que presentamos, especialmente sobre los dos pasodobles que, supongo, habrán oído. En ambos casos, la fría (¿gélida?) recepción que el público hizo de las letras es, creo, interesante materia de reflexión. Porque esa frialdad no fue sólo achacable a la hora o la larguísima sesión (que un poco también), ni a cómo cantó el grupo, que lo hizo mucho mejor que en el estreno, sino principalmente al error de cálculo mío que ahora me apetece compartirles por si para algún aprendizaje a alguien (además de a servidor) pueda servir.
Este año, en general, la manera en que he afrontado la escritura de los pasodobles ha tenido como premisa alejarme en todo lo posible de la forma en que estaban escritos los pasodobles de Los gallitos (que no sé si se ha logrado) es decir, apostar más que por el lenguaje directo, contundente y hasta descarnado, por tratar de ser igual de comprometido y crítico pero con un tono más complejo, indirecto, satírico o alegórico. En este sentido, los dos pasodobles de cuartos parten de una misma intención: eran dos temas que yo suponía que iban a ser muy cantados en el concurso (jajaja ¿se puede ser más ingenuo?) y por tanto me propuse el reto de plantearlos desde ópticas más diferentes, originales, sorprendentes y que llamaran la atención por el riesgo de su enfoque o de su construcción. Y en ese sentido, estaba (y estoy aún) muy orgulloso con ambas letras, aunque al respetable, y supongo que con toda la razón, les haya resbalado en ambos casos.
El primer tema era el de la sucesión borbónica, un trascendental acontecimiento histórico al que pensaba yo que las coplas no iban a permenecer indiferentes en el COAC, y más en los tiempos que corren. Así que, buscando una manera diferente de plantear el asunto, se me ocurrió estructurar el pasodoble en torno a un juego de cartas para finalmente reivindicar el derecho a que un país decida por referendum y no por sucesión dinástica su Jefatura del Estado. Andaba yo entusiasmado con el resultado de la letra y me pareció no sólo un estupendo pasodoble comprometido y original en su planteamiento, sino además una buena carta (nunca mejor dicho) de concurso, incluso con ciertos"recursos de teatro", como el hecho de que se cantara con una baraja en las manos de los comparsistas. En fin, que el pasodoble me encanta... pero que un mojón así de grande pa mí.
El segundo pasodoble  ha sido un caso aún más llamativo. Otro tema que pensé yo que iba a estar en el ranking de los más cantandos: la preocupante ola de islamofobia que ha recorrido Francia (y Europa de paso) a raíz de los oscuros atentados "yihadistas" en París. Sentí casi una responsabilidad cívica escribir sobre ello. Pero ¿cómo lo haces, Migué? ¿Cómo hablas de eso sin caer en lo amarillista, lo morboso o lo panfletario? Y de nuevo en mi afán por aportar maneras más sorprendentes de abordar los temas, se me ocurrió construir una escena de costumbrismo teenager gaditano: una parejita de adolescentes pelando la pava en una plazita de barrio nocturno, con su moto, su barata cenita grasienta y su amor ingenuo y enternecedor. El amor entre Charito y Mohamed, el luminoso triunfo del deseo y el entendimiento sobre la intolerancia y el odio racial. ¡Sí! ¡Lo encontré! Me puse entusiasmado a escribirlo y las letras fluyeron solas. ¡Más contento que estaba yo con esa letra y más contentos se pusieron los borreguitos cuando se la llevé al ensayo! ¡Con cuánta ilusión la llevamos al teatro! y en fin... otro mojón pa nosotros.
Por eso decía al principio que la experiencia me ha dado que pensar: si con Los gallitos (tras muchos años de intentar proponer con nuestra comparsa un tipo de escritura novedosa, pero casi marginal para el gran público) tuve la sensacion  de que el respetable comenzaba a prestar atención (y hasta a celebrar) cierta manera distinta de plantear las letras de carnaval, el pase de cuartos de Los borregos ha venido a poner las cosas en su sitio. Estamos viendo que la originalidad, la sorpresa o la complejidad de las letras no están siendo, precisamente, lo más celebrado este año por el público. Así que, definitivaente, me he equivocado de juego. Y conste que no es, por favor, un reproche que esté haciendo a nadie (ni menos al público) ni que estoy tratando de justificarme en nada: la responsabilidad de que las letras no llegaran es mía y sólo mía, por no saber calibrar, y para nada es culpa de un público que, mal que nos pese, siempre ha de llevar razón (al menos una razón intuitiva, pero definitiva e inapelable) a la hora de aceptar o rechazar una letra, así que lo que aquí les cuento es un mero autoanálisis, una autocrítica y, de paso, una asunción de responsabilidades. Unas veces se acierta y otra no. Hay que aceptar eso con deportividad por más que nos desilusione o nos descoloque. Ese es, precisamente, el apasionante misterio de esta competición.
En otro orden de cosas: me ha encantado cómo ha quedado la cuarteta del segundo personaje alegórico al que sacamos en el popurrí: el pastor-político. Y esa, en esta ocasión, va a ser la letra que aquí les deje. ¿Quién iba a decirme a mí hace tan sólo un mes, en la ilusionante euforia previa al inicio del concurso, que tal día como hoy iba yo a encontrarme en el trance de desear, con los dedos cruzados, que ojalá pudiera sonar en el teatro el tercer personaje que retramos en esa cuarteta? ¡Lo que son las cosas de este juego! Sea como sea, amigas y amigos, ¡que viva este huracán de emociones intensas y contradictorias que es nuestro amado concurso de coplas!

Ahí viene el nuevo pastor, el político de moda
que sale en televisón con su sonrisa de mona.
Sus asesores de imagen hacen un trabajo bueno
para que no se vea al lobo bajo esa piel de cordero.
Cuando yo lo escucho hablando me pongo a considerar:
este hombre es buena gente, parece mu buen chaval,
él nos protege y nos cuida, busca nuestro bienestar
pero en el fondo sabemos que eso es otro engaño más.
Él no manda en el rebaño, ni siquiera él es el dueño
porque es un subordinado, solo es otro perro a sueldo.
Escucha, que no somos tontos aunque seamos borregos
¡No trates como a un rebaño a tu pueblo!
 

sábado, enero 31, 2015

comentario de texto (9)



Después de digerir con calma los nervios, la presión y los avatares del estreno de "Los borregos", tal y como dijimos, vamos a continuar estos comentarios de texto, esta vez en torno a la propia comparsa en lid.
No fue fácil para nosotros decidir con qué letras íbamos a presentar a nuestra comparsa en este primer pase de preliminares, pues (sin querer parecerles pretencioso, por favor) había un buen ramillete de letras donde escoger. Finalmente decidimos arrancar con los dos pasodobles que muchos de ustedes ya habrán oído.
El segundo pasodoble fue quizás el que más impacto tuvo en el teatro, creo que por su necesaria temática y su desarrollo irónico, pero confieso que la letra que plantea el primer pasodoble era algo que tenía yo muchas ganas de decir: hay que revisar urgentemente ese tópico de que "el carnaval es la voz del pueblo", porque no creo que eso sea del todo así. La voz del pueblo la tiene el pueblo empoderado y no la representamos, por más que  precariamente lo intentemos, los poetas de carnaval. Y eso incluye también a servidor, evidentemente, jejeje. Era, en verdad, una letra que llevaba yo mucho tiempo queriendo decir. Y dicho, ciertamente, queda.
Visto lo visto creo que ambas letras fueron una buena elección, pero les mentiría si dijera que no me entristeció un poco haber tenido que dejar en el tintero y renunciar a la letra de medida, una que explicaba el tipo y que, desde el principio, pensé que iba a ser con la que nos presentaríamos el primer día. Finalmente, por purita estrategia de juego, decidimos a última hora descartarla en favor de estas otras dos letras, y estuvo bien la decisión, vale, pero ahora permítanme que les comparta la letra de la que hablo y que ya, para mi frustración, no sonará en el teatro.
Cuando comencé a escribir el repertorio pronto vi que la idea del tipo daba para escribir mucho: fue tirar del hilo y comenzar a encontrar una avalancha de ideas, apuntes, enfoques...  y había que decirlo todo. De hecho, la explicación del tipo quedaba perfectamente explicada, creo, con la presentación y, sobre todo, con el desarrollo del popurrí. Pero hasta el popurrí se nos parecía quedar corto para todas las posibilidades que se nos ocurrían. Letras para varias cuartetas más quedaban sin espacio literalmente para ser escritas (de hecho algunas cuartetas, ya lo comprobarán ustedes, van a variar de un pase a otro porque hay muchas cosas que decir). Un repertorio de teatro, efectivamente, parecía un espacio escaso para todo lo que se nos ocurría decir a partir del tipo de borrego. ¡Casi sentía que podía escribir dos repertorios con el mismo tipo! Y, por eso, hemos intentado que no hubiera ni un solo verso de relleno en todo el repertorio.
No obstante, existían matices, ángulos y trazos finos en torno al personaje que, me parecía a mí, no estaban del todo explicados en presentación y popurrí, y por eso el pasodoble de medida se me antojaba necesario para desarrollarlos y redondear el tipo. Necesario de escribir y necesario de cantar.
Sin embargo, como digo, al final la urgencia de la propia competición (a menudo enemiga del reposo) nos llevó a finalmente a descartarla (estará, por supuesto, en el CD, en el libreto y sonará, seguro, en la calle y los escenarios).
Y con esa letra les dejo. En siguientes comentarios de texto, compartiremos algunas curiosidades, detalles y pormenores de un repertorio que, con acierto o error (que eso lo deciden, por supuesto, ustedes) hemos escrito con tantísimo cuidado como entusiasmo.

Aquí venimos los ciudadanos
todos juntitos de nuestras manos.
Somos los buenos, 

somos los señores de tu vecindario,
los que se tragan con papas 

todos los telediarios.
Somos lo que son felices 

mientras tengan medio plato de lentejas
y agachando la cabeza 

se callan y viven sin ninguna queja.
Con el mando y el sofá 

y una tele de plasma
a nuestra conciencia le damos la espalda.
Preferimos la injusticia 

antes que el desorden
lamiendo un pesebre 

para que nos engorden...
Respetamos la ley, la moral y los deberes,
porque son muy necesarios
para esos pastores que tanto nos quieren.
Formamos un rebaño que es sumiso y es ruin,
formamos un rebaño que obedece siempre.
El cáncer de un país, 

de una ciudad, de una región
empieza en nuestra sumisión
nuestra indolencia y nuestra cobardía.
La mayoría silenciosa y asustá,
con los dos ojitos ciegos...
Escucha lo que digo y piensa, compañero,
y dime si tú eres o no eres un borrego.



 


allá vamos...

miércoles, enero 14, 2015

comentario de texto (8)


Y en esta ocasión vamos a traer a colación la primera comparsa en que J.A. Cheza y yo trabajamos juntos, allá por el carnaval de 2007. Yo por entonces no conocía personalmente a Nene (aunque sí sabía de un misterioso señor del que decían que era quien sostenía en la sombra gran parte del repertorio de la comparsa de Quiñones). Yo escribía entonces las letras de la comparsa de Chiclana, que dirigía (y dirige aún) Antonio de la Llave "Titi". Veníamos de la comparsa El tambor, con la que habíamos participado en el COAC 2006, cuya exquisita música era de Pacoli y a la que yo puse letra.
Nunca supe claramente por qué motivo (yo no estaba muy implicado en el funcionamiento interno de aquella comparsa ni en sus decisiones y hacía las veces casi de letrista interino, como ha pasado, por cierto, con todos los autores que por esa comparsa han pasado) el grupo decidió para 2007 cambiar de músico y fichó a Nene, al que, ciertamente, ese año traté bastante poco, pues se limitó a darnos la música y a venir al ensayo en algunas ocasiones a dar algunas sugerencias. No coincidí mucho con él, en realidad, pero juntos pusimos en pie el repertorio de Los perdedores.
Guardo recuerdos difusos de aquella comparsa pues, por los avatares de la vida, por aquella época andaba yo un poco despegado de los ensayos y no participé en la construcción de la comparsa más allá de la mera escritura. El tipo partió de una lectura que acababa de hacer Titi, un libro titulado "Los perdedores de la historia de España", del historiador García de Cortázar, que él me propuso como eje para la comparsa. A mí me gustó la idea, pero me pareció que vestirnos con esa disparidad de personajes históricos era una propuesta un poco difusa de representar tanto en el disfraz como en el repertorio, y entonces le propuse concretarlo en un tipo más simbólico: un espadachín que, camino de un duelo, sabe que va a perder y aun así decide presentarse. Una idea que permitía el juego de representar lo que él me proponía y que, además, era una estupenda alegoría sobre el propio concurso. Pero la idea fue más allá y representó todo un canto de amor a los perdores en cualquier faceta de la vida.
Y allí que fueron estos espadachines nuestros a su particular duelo en un claro del bosque de madrugada (nunca mejor dicho, porque en los tres pases que hicimos durante el concurso, nos tocó siempre cerrar sesión y cantar ante un patio de butacas casi vacío).Ya sabemos que las agrupaciones discretas y sin mucho reclamo, en el día del sorteo del orden de actuación se juegan la mitad de su éxito. O de su fracaso.
A pesar de estos inconvenientes, que marcaron en gran medida nuestro discreto pase por el certamen, lo cierto es que la comparsa quedó muy redondita y llegó a semifinales (las semifinales de entonces, esas a doble vuelta) y contribuyó a mantener el excelente nivel que esa comparsa había estado trayendo hasta entonces al concurso. Si prestan ustedes atención con un poco de sagacidad, de hecho, creo que no les será del todo difícil rastrear algunos embrionarios tics de estilo que, años después, Nene y yo hemos estado desarrollando en nuestras comparsa actuales.

De las letras que no se cantaron aquel año en el teatro quiero rescatar hoy esta que trataba de plantear un canto de hermandad entre las ciudades que componen la Bahía de Cádiz, letra que, ahora, leída en la distancia, francamente, me causa un poco de pudor.

Tengo un barrio yo que no cambio por
ningún otro barrio.
y es su bajamar la plaza central
de su vecindario.
No tienen en verdad código postal
ni nombre en sus plazas.
Sus vecinos muchas veces no se enteran
que su barrio es sólo uno
que sus calles son las mismas
y es el mismo su futuro,
sus mujeres son más guapas
que en cualquier barrio del mundo,
sus esquinas más bonitas
y sus mares más profundos.
Piénsalo bien y adivina mi barrio cuál es:
Sus fronteras a un lado limitan
con el fango y el agua bendita
de las marismas, de las marismas
y por los otros lados que vayas
al final todas sus calles terminan
en la arenita de alguna playa.
Y yo sé bien que este barrio no tiene más alcaldía
que la de la penuria y la alegría.
Mi barrio es verde y azul.
Mi barrio, ya sabes tú,
es la Bahía.


Por cierto: odio las rimas en aguda, Nene lo sabe, y la estructura métrica de esta música ¡estaba llenita de ellas!

O esta otra letra, que trazaba un paralelismo, algo cursi, cierto, entre una guerra y un duelo de honor. Y, vaya, que también me saca los colores (no sé muy bien qué hago mostrándoles a ustedes aquí mis vergüencitas más privadas, jajaja). En fin, supongo que lo justo es compartirles a ustedes, también, por qué no, mis aprendizajes.

Una guerra es sangre derramada
por los inocentes
pero un duelo es un lance de honor
entre dos valientes.
Una guerra es un conflicto de sucios intereses,
pero un duelo no se rige por más normas
por más causas ni más suerte
que la de dos enemigos
que se respetan a muerte.
Una guerra la soportan
quienes menos lo merecen.
En un duelo gana uno
y en la guerra todos pierden
Un duelo es un asunto
entre yo y entre él
y la guerra es un mapa caliente
que salpica de sangre a la gente
más inocente, más inocente
Una guerra es dolor y mentira
y en un duelo los dos contrincantes
se reverencian y hasta se admiran.
Un duelo es
un combate cara a cara respetable
entre dos hombres libres y honorables.
La guerra es muerte y horror
movida por la ambición
de los cobardes.


Y si miran ustedes aquí debajo este video del popurrí, además de algunos versos interesantes, van a poder reconocer algunas caras (como las de Pablo, Manolín o Titi) que han estado con nosotros en nuestras comparsas posterioremente o, como en el caso del gran Jesús Requeté, que sigue con nosotros a cargo de las baquetas.



Pero por lo que más trascendente me resulta destacar esta comparsa es porque fue gracias a ella como Nene y yo nos conocimos y, en cierto modo, pusimos en marcha lo que sería una larga e intensa aventura de complicidad carnavalera que aún hoy continúa.
Y los azares han querido que haya yo terminado estas entregas en torno a nuestras comparsas justo cuando está a punto de comenzar nuestra nueva aventura.
Este viernes, precisamente, arranca el COAC 2015 y en unos días, estrenaremos el trabajo que en estos meses atrás hemos ido esforzadamente preparando bajo el título de Los Borregos. No sé que deparará este concurso a nuestras coplas, pero hoy, mirando hacia atrás con calma, como hemos hecho en estas entregas, no puedo más que sentirme muy dichoso de estar escribiendo, a estas alturas, para un grupo como el que defiende mis letras y, sobre todo, ser cómplice codo con codo con alguien como Nene y su arrebatadora relación pasional con su música.
Saber hasta donde puede llevarnos, este año o los que queden, esta aventura no es fácil y es algo que tendremos que decidir entre todos. Y ese "entre todos" te incluye también ti, que esto lees.
Amigos y amigas: ¡Feliz Carnaval 2015!

PD: Si les parece bien, podemos durante estas próximas semanas continuar un poco más estos "Comentarios de texto" durante el propio desarrollo del COAC para ir comentando las letras de "Los Borregos" a medida que vayamos mostrándolas en el concurso. Seguro que de esas reflexiones, tú y yo podríamos sacar algunas cosas interesantes...

martes, diciembre 23, 2014

comentario de texto (7)



Aunque mucha gente piensa que el maridaje carnavalesco entre Nene y servidor comenzó con El último escuadrón (2008) lo cierto es que no fue ésa la primera comparsa en la que compartimos autoría. Pero de eso hablaremos otro día... por ahora centrémonos en El escuadrón.

Hay que hacer un poco de historia por si alguien no la conoce: Nene Cheza, desde muy joven, ha militado fielmente en la comparsa de Quiñones y Pepe Martínez (su propio tío, de hecho), desde, creo recordar, La Fábrica de tabaco (1989). Esa comparsa-familia, pues, fue su incubadora, su colegio y su casa. Allí entregó sus mejores energías como tenor o como guitarra, pero sobre todo, como músico y letrista auxiliar en la sombra (si investigan comprobarán cuánto debe el brillante palmarés de premios de esa comparsa a las composiciones de Nene, que jamás rezó en los créditos). Es comprensible que tarde o temprano saltara del nido y tratara de volar solito formando con libertad su propia comparsa. Y así, afortunadamente, ocurrió el año que nos ocupa. Con un grupo de compañeros fieles que se marcharon junto a Nene independizándose también de la comparsa-madre  (Lali, Paquito y Leo -que aún sigue a su lado en Los borregos-) se forma poco a poco un grupo que finalmente resultaría ser un verdadero dream-team de voces e instrumentación. Echen un vistazo a los videos y reconozcan voces y caras célebres: un grupazo joven y curtido a la vez, con muchos componentes que continúan todavía en la élite comparsista actual (Bubu, Jose Chiclana, Óscar y Hugo en la voces altas, Sambruno a la impresionante púa, Lali y Manolín a la segunda, el creativo Geni a la guitarra y los coros...). La dirección corría a cargo de Vicente "Lali", otro monstruo, y al bombo estará el imprescindible Alejandro Melli, que sigue aún hoy fidelísimamente al cargo de la percusión. En fin, un grupazo con el que muchos autores soñarían... y a todo esto, en mitad del trasiego de los ensayos y la expectación, pequeñito pequeñito, llego yo al proyecto.
Aún recuerdo aquel café en el que Nene me pidió que arrimara letras de pasodobles a su nueva comparsa. Era ya noviembre largo. La comparsa que yo entonces estaba escribiendo acababa de disolverse no recuerdo por qué, así que me encontraba en paro creativo. Al saber la noticia, Nene y Lali me citaron para pedirme que me sumara como letrista y ayudara a Nene a apuntalar las letras, especialmente los pasodobles y alguna cuarteta del popurrit. El repertorio estaba ya bastante avanzado, sólo tendría que completar la faena. Con el entusiasmo que le caracteriza, Nene me explicó el tipo: un grupo de guerreros fieros e imbatibles que, en mitad de la ruina y la decadencia (bien reflejada en la apocalíptica escenografía), defendían a Cádiz de sus enemigos. Me pareció una idea realmente horrible.
Sin embargo, dije que sí y acepté el reto. No me gustaba mucho el argumento del tipo pero era casi diciembre, la comparsa y el repertorio estaban ya avanzados, con todo el equipo remando acompasadamente en la misma dirección, así que entendí rápidamente que mi trabajo era ayudar y remar junto a ellos sin discutir el rumbo que ellos mismos ya habían marcado. Y así hice. Por otro lado, la oportunidad de escuchar mis letras en gargantas tan ilustres era un lujo difícil de rechazar. Y así fue como, consciente de mi situación, me sumé a la aventura.
Como yo era un insignificante letrista totalmente desconocido que debía escribir para un grupo acotumbrado a cantar las letras de los autores más grandes, decidí no correr riesgos y el primer pasodoble que llevé al ensayo (y con el que era consciente de que, en cierto modo, me la jugaba) fue una letra algo ramplona pero muy efectiva (y efectista), ideal para todos los gustos, con la que me pareció que podría afianzarme ante el grupo en mi recien estrenado puesto de autor. El tiro entró por la escuadra, no sólo en el ensayo sino también en el teatro.
La comparsa pasó limpiamente a las complicadas semifinales, pues ese año fue la primera vez en que se estrenaba el sistema de tres fases y disminuía peligrosamente el número de semifinalistas, aumentando duramente la presión competitiva. Para más inri, nos tocó cantar el primer día del concurso, y además junto a la propia comparsa de Quiñones (ese año El mercado de las maravillas) con lo que la atención morbosa a tan peculiar "duelo" estaba garantizada. Lo cierto es que el grupo sonó impresionantemente bien y estuvo peleando duramente hasta el final, aunque sigo pensando que la idea general no estaba a la altura de las circustancias y que ese grupazo, con otro tipo más sorprendente y un repertorio más arriesgado, hubiera aspirado realmente a más. Ya sabemos, de todas formas, que el concurso es, en gran medida, una carrera de fondo. No fue, desde luego, ningún mal comienzo. Y es verdad que me emociono cuando aún hoy alguien me recuerda y celebra algunas letras de aquel año, como el pasodoble de la alameda (que escribí a partir de una idea que me sugirió el gran Geni) o el del perro (que en realidad era una diatriba contra una perrera de Puerto Real, en esos días célebremente de actualidad por sus malas artes con los animales), pero también confieso que siento cierto desconcierto cuando todavía alguien dice despistadamente que esa comparsa es la mejor que hemos sacado (?).
De las letras que hice para esta comparsa, rescato hoy dos pasodobles que, aunque escribí mucho más a mi propio gusto, evidentemente, no fueron seleccionados para cantarlas en el teatro. Y es que con El último escuadrón constaté pronto que ojalá muchos comparsistas de élite tuvieran las ideas tan  claras (y afinadas) como sus gargantas.

En mi trinchera te vuelvo a escribir
desde la guerra esta carta:
Amada mía, tú eres para mí
la victoria que me falta.
De noche siento que me trae la brisa
las campanas blancas de tu risa,
y estirándome los pensamientos
me acurruco yo a dormir sin prisa.
Y sueño yo que duermo en un torreón
donde no cabe más gente
que este guerrero encendido
entre tus piernas calientes.
Y escucho el canto de las olas
que te salpican la espalda
y un rumor de caracolas
sonando bajo tu falda.
Y luego yo me vuelvo a despertar:
Miro a mi lado pero tú no estás
y vuelvo yo al combate en esta guerra fría.
Y así sin tu cuerpo me siento morir cada día.
Chiquilla, sufro tanto sin poderte tocar
que hoy te quiero jurar
que si no acaba esta guerra
deserto en la lucha y te voy a buscar.


O este otro, que aún no llego a comprender por qué no se cantó:

Podré decir que no tiene perdón
la prepotencia que muestra.
Podré decir que toda su gestión
parece de cartón piedra.
Podré decir que sobran por lo pronto
tanto cartelito y tanto bombo,
que parece al ver su demagogia
que gobierna usted pa cuatro tontos
Podré gritar: ¡Cádiz, qué limpita está!
pero el trajín de su escoba
esconde to las miserias
debajo de las alfombras.
Podré decirle, mi señora,
¿de dónde carajo salen
ese rebaño de necios
que forman sus concejales?
Pero yo nunca le voy a atacar
porque no sea usted de esta ciudad
ni porque sea mujer o se tiña usted el pelo:
Que soy un soldado además de ser un caballero.
Pero, señora mía, no me voy a callar
lo que pienso en verdad:
Retire sus escuadrones,
entregue las llaves ¡y márchese ya!






jueves, noviembre 06, 2014

un único filo

LAS TIJERAS

—Unión de dos y división de muchos.


Quienes se juntan y de continuo se rozan
forman un único filo. No te interpongas
entre los que así se quieren: el hambre de
matar se ensañará contigo.


jueves, octubre 09, 2014

contagio


martes, octubre 07, 2014

let's!!!!

viernes, octubre 03, 2014

comentario de texto (6)


El año en que Nene, Lali y yo ideamos Los Ruinas fue para mí el año del despertar como autor, es decir, cuando me di cuenta frontalmente de que una cosa es escribir la comparsa que a uno le gustaría escuchar (que esa ha sido y es, aunque teniendo que hacer equilibrios, la gasolina que mueve el motor creativo de nuestros repertorios) y otra distinta es acertar con la comparsa que el público quiere oír. Digo despertar pero quiero decir asumir la cruda realidad: mis verdaderos gustos como aficionado a las comparsas son de otra época, como creo que ocurre a la mayoría de los aficionados que ya llevamos unos añitos en esto de amar las coplas y que echamos los dientes carnavaleros en los últimos 80 y maduramos nuestros gustos apasionados en los primeros 90. Tras el pase de Los Ruinas por el concurso, tuve que asumir (sin dolor pero con cierto resquemor) que por ahí mis letras no iban a ningún sitio más que a la anécdota y a la marginalidad. Yo estaba seguro de que la gente iba a apreciar y agradecer una comparsa así, pero un mojón pa mí.
Les explico: yo en comparsa siempre he preferido la "magia" a la "garra". Sí, vale, sé que mis últimas comparsas parecen indicar lo contrario, pero la verdad es que en el fondo de mi corazoncito de aficionado, siempre he preferido los modos de España La Nueva o de El cielo de Cádiz a la vehemencia de La mare que me parió o de Araka la Kana. No es que no me gusten las comparsas de ese corte, claro que me gustan: las sigo con interés y en algunos casos hasta con pasión (y trato de aprender de ellas lo que haya que aprender), pero uno siempre guardará en sus adentros el regusto por aquella irrepetible manera dulce de hacer las cosas. Manera que, viendo ahora lo que se hace mayormente en la modalidad y lo que el público en general aprecia, hoy se nos antoja sinceramente irrecuperable.
Les cuento todo esto porque con Los Ruinas tratamos de hacer precisamente eso: una comparsa con magia, con verdad, sin aspavientos y con mucho gaditanismo (que no chovinismo). Veníamos de El último escuadrón, un tipo tenebroso y oscuro con un repertorio agresivo y vehemente. Yo era partidario pues del volantazo, es decir, escribir desde lo alegre, lo gaditano, lo poético y lo amable (sin perder la reivindicación, evidentemente). De resultas de ello nos salió un repertorio del que me sentía (y aún me siento) orgullosísimo. Desde la presentación hasta el popurrí, toda la letra estaba por mi parte pensada hasta el milímetro para una idea que me encantaba: un arqueólogo un poco loco que amaba las ruinas que estudiaba, y que en realidad era, para bien y para mal, un sincero canto de amor a esta ciudad, a su historia y a sus gentes. Si tienen un ratito de calma y les apetece, aquí pueden oír su pase de preliminares.
El resultado, de todas formas, fue pobre en lo relativo a su repercusión: a poca gente interesó aquel lírico experimento, salvo al jurado, al parecer, que sí que nos llevó hasta las semifinales. Desde luego, nos equivocamos en cosas importates, como en el disfraz (más confuso y oscuro de lo que debiera) y el grupo, aunque sufrió bajas importantes con respecto al "dream team" del año anterior, defendió lo mejor que pudo un tipo que hubiera necesitado una interpretación quizás más risueña. Ese año se incorporaron al grupo componentes nuevos, entre los que recuerdo especialmente al gran Cuevas y a Guille de Puerto Real, dos cracks con los que ojalá volvamos un día a trabajar. Ese año entró tambien el irrepetible David Virlán, al que Nene y yo ya conocíamos de Los Perdedores, y que aún sigue fiel a nuestro lado.
Alegrías hubo bastantes, de todas formas, como tener noticias de que el pasodoble dedicado a Palestina había sido traducido y debatido por estudiantes palestinos de español en Cisjordania, por mediación del gran Enrique Alcina. Yo, qué quieren que les diga, ahora al hilo de estos comentarios que les comparto aquí he vuelto hoy a oír especialmente el popurrí de Los Ruinas y me sigo emocionando. Es más, las dos últimas cuartetas las acabo de oír hace un momento, mientras escribo esto, y me han dado cierto escalofrío de emoción (sé que está feo que yo lo diga, pero es que francamente así ha sido, jajaja).
Y para terminar este comentario, como es habitual, les dejo un par de pasodobles que no se cantaron en el teatro: la primera, que fue la letra de medida, creo que nos salió especialmente hermosa.


Acérquense, señores y pasen a ver la ruina
de una ciudad que esconde sus lágrimas por las esquinas.
Miren los vestigios que riega la Historia:
Ruinas de la libertad para que refresque el poniente.
Ruinas de la dignidad para los obreros valientes.
Ruinas de un mercado en la ruina
chorreando de caballas con la sangre plateá.
Tierra de escombros milenarios,
cómo brillan tus ruinas
esmaltadas por las lunas y enjuagadas por la mar.
Ruinas de una tierra que no es santa,
Ruina que me sube a la garganta,
gargantas para que cante el gaditano
lo que tenga que cantar.
Y hoy traigo canciones de espinas y rosas,
porque este ruina no tiene que darte, no tiene otra cosa.
Te traigo en un cofre pequeño
una copla enorme que a mí me rebosa.
Y hoy traigo, arena en los bolsillitos de mi corazón.
Yo sólo tengo un sol que está forjado
con el oro de una playa
y un diamante en las mareas
y un tesoro en las murallas.
Ay, mira si soy rico yo
que hasta tu ruina, por dios,
a mí me parece de plata.

O esta otra en la que ya en 2009, en los albores de los tiempos de desolación en que hoy nos hacen vivir, ya anunciábamos en cierto modo lo que un par de años después mucha gente empezaría afortunadamente a sentir (y a gritar) en las plazas del mayo de la insurrección, es decir, que esto "no es una crisis, es una estafa".

Crisis, ¿pero qué crisis? ¿Qué rollo nos estáis contando?
Crisis, ¿pero qué crisis? ¿A quién coño estáis engañando?
Irse pa’l carajo con vuestros negocios.
Si no consigues cuadrar las cuentas de lo robado
no vengas ahora a llorar para que te salve el Estado.
La crisis, los despidos, la codicia,
los ladrones de la bolsa que se hunde en Nueva York,
trabajadores a la calle, el festín de la avaricia,
la carroña de la usura, la ganancia y la ambición.
¡Qué negras las entrañas de un banquero!
¡Qué sucios los mercados financieros!
Los beneficios son para sus bolsillos
y sus deudas son para todos.
Ladrones que amasan su sucio dinero
con el pan chiquito y el sueldo precario de tantos obreros.
Banqueros que son como hienas
que nada más que comen dinero y dinero.
Rateros, que se han inventado una crisis para exprimirnos más.
La crisis ¿pero qué coño de crisis? ¡Todos a la guillotina!
¡Qué políticos traidores, qué empresarios de mentira!
Que me expliquen ya, por favor:
¿Qué es lo que hemos hecho, por dios,
para merecer tanta ruina?

lunes, septiembre 29, 2014

los restos de la suma


lunes, septiembre 22, 2014

relectura

sábado, septiembre 20, 2014

exacto, belleza


sábado, septiembre 13, 2014

400.000


miércoles, septiembre 10, 2014

comentario de texto (5)


Si no existiera el dinero es hoy por hoy quizás la comparsa más especial para mí de todas cuantas he escrito, pues me supuso el aprendizaje más fértil a la vez que el experimento más libre. Cierto es que como repertorio competitivo era claramente deficitario, ingenuo y hasta pretencioso, pero como aventura literaria (y política) ha sido, y lo sigo pensando a pesar del tiempo transcurrido, la comparsa en la que más me reconozco a mí mismo.
Tratar de reunir en un puñado de coplas de carnaval un alegato contra la llamada sociedad del bienestar y el capitalismo ultra-consumista supuso para mí un fascinante reto, toda vez que en el año anterior habíamos tratado de hacer un repertorio de hondo lirismo gaditano y narcisista que, sorprendentemente, pareció no interesar demasiado al respetable (y en esto nos detendremos cuando hablemos de Los Ruinas). Así que con Si no existiera el dinero no era yo muy proclive a muchas concesiones: tenía ganas de escribir una comparsa que dijera cosas que no estuvieran demasiado dichas. Y que salga el sol por donde quiera salir. Y así fue.
El nombre de la comparsa, de todas formas, no era este, sino El dueño del mundo, aunque yo siempre fui partidario desde el principio de llamarla simplemente Dinero, en línea con los cómics de Miguel Brieva o la poesía de Pablo García Casado, que en aquel tiempo rondaba mi mesita de noche. El grupo se negó a un nombre tan escueto y se optó entonces por El dueño del mundo. Finalmente, el sagaz servicio de archivística del Patronato nos echó para atrás el nombre al inscribirnos porque casi coincidía con otra agrupación más antigua y de un día para otro hubo que improvisar un nombre nuevo. Decidimos llamarla con el verso que abría la presentación y fue así  como quedó el desconcertante nombre final de Si no existiera el dinero que, la vedad, quedó un poco friki.
Repetíamos el grupo casi de Los Ruinas, con la incorporación de gente estupenda: Juanma Gámez y Javi Canario (dos gargantas prilegiadas), que completaban las voces altas, además del gran Guille de Puerto Real a la segunda. No recuerdo bien qué ocurrió, pero recuerdo que a pocas semanas del estreno tuvimos que incorporar con urgencia a otro guitarra y así fue como el gran Juanlu Sambruno, quizás la púa más poderosa de Cádiz, se hizo cargo de los brillantes punteos.
La comparsa, como ya venía siendo habitual, tuvo una actuación excelente en el pase de preliminares y, aunque aún guardaba lo mejor de su repertorio para las fases siguientes, fue perdiendo interés por parte del público y, ya en semifinales, evidenció lo que en cierto modo yo ya veía venir: nos había salido una comparsa demasiado a contra-corriente que no iba para nada con las modas y el tipo de letras y temáticas que en esos años arrasaban en la modalidad (fue el año del triunfo de Los Santos o de Medio siglo y, no olvidemos, el del injusto "fracaso" de una contundente comparsa como El G15).
El trabajo musical de Nene fue, como de costumbre, exquisito y ambos tuvimos algunos momentos de intensa conjunción creativa que aún recuerdo con fruición (escuchen con atención este popurrí y díganme) aunque sigo pensando (como entonces repetí a Nene y a Lali) que esta comparsa hubiera necesitado un pasodoble con más nervio y menos dulzura. Aun así, el grupo sonó de categoría y trabajó duro en el montaje del repertorio. Hoko y Berenguer también hicieron un estupendo trabajo en lo escénico, desarrollando con atractiva estética (y no era sencillo) la compleja metáfora que trataba de proponer el repertorio. Aún conservo con cariño aquel disfraz en el ropero.
Las cartas durante el concurso no las jugamos ni bien ni mal, porque, aunque se quedaron en el tintero algunos pasodobles interesantes, creo que el resultado no hubiera sido muy diferente si hubiéramos llevado al Falla letras como, por ejemplo, éstas que no sonaron en el teatro y que ahora les comparto.
Este primer pasodoble, muy en línea con los planteamientos del repertorio, era una nota de alerta y de indignación al comprobar cómo la pasión hacia el futbol hacía (y hace) que los héroes de la ciudadanía (y lo que es más preocupante, de la juventud y hasta de la infancia) sean los futbolistas de élite y los valores que, directa o indirectamente, esas figuras encarnan. Decía así:


Cuidado con tanta afición.
Cuidado con tanta pasión
por los colores de tu equipo
que es el negocio del balón
un ajedrez manipulado por los ricos.
Liga de estrellas en tu hogar,
televisiones encendidas bajo pago,
que si derechos, si fichajes, si contratos
los galácticos, las élites, la mierda
de un negocio sin moral.
Y es que esos ídolos tan multitudinarios
hoy defienden tus colores
sólo por los talonarios
¡Tú cobra y vete!
¡Porque hasta el césped es del color de los billetes!
Ese gran futbolista al que le rindes honores
sabe más bien poquito
de colores o equipos,
sólo sabe de millones.
Ni clubes ni aficiones valen para él
más que las luminarias
de sus cuentas bancarias
¡Es sólo un cabrón millonario!
¡No es un artista ni un héroe!
¡Tan sólo es un mercenario!

 Aquí pueden ustedes oírla:




Igualmente quedó fuera este otro pasodoble, que trataba de plantear una denuncia directa a los indecentes modos de ciertos promotores de vivienda (o quizás de uno concreto) que entonces hacían el agosto especulando con el casco antiguo de esta ciudad. Esta letra ni se llegó a aprender y no está ni en el cd, por ciertos motivos internos que prefiero no recordar, jejeje.


En un despacho frente al mar
con un enorme ventanal
el hombre se siente seguro,
en un despacho frente al mar,
donde se cierran los negocios más oscuros.
El corazón de esta ciudad,
el casco antiguo y sus casitas en un plano:
Ésta la compro, ésta la arreglo, ésta la cambio.
Una finca, una vivienda, un palacete,
unos bloques y un solar.
Y en esta casa viven unos viejecitos,
Don Enrique: no es problema:
yo de en medio me los quito
¡Cago en la leche!
Si no yo busco a algún gorila que los eche.
¿Qué será de esos viejos?
De eso yo ya no respondo:
Llevo mucho aguantando
que me estén estorbando
este negocio redondo.
Yo soy un empresario, no una ONG
Y aquí dice el poeta
que se acaba esta letra.
¡Dinero, maldito dinero!
En un despacho hay un hombre
que ojalá vaya al infierno.

Y para finalizar, a modo de coda, esta otra letra que no se cantó en el teatro pero sí quedó registrada en el cd.




empezando de cero todos los días


martes, septiembre 09, 2014

democratic beauty

Bella democracia, siempre jugando a elegir entre papá o mamá..

 

viernes, agosto 08, 2014

comentario de texto (4)

Del carnaval de 2011 conservo los recuerdos más confusos de toda nuestra trayectoria. Emociones intensas y, a la vez, tristonas siento aún al recordar una comparsa malhadada, errada y fracasada en su desenlace. Estoy hablando, claro, de Los pobres diablos.
La idea de partida era muy excitante: un diablo gaditano de cuernecillos y rabo, (in) feliz con su caña de pescar, su gorrilla en la cabeza, su camiseta a rayas marineras y sus gargajillos, es decir, un pobre diablo que no tenía claro si vivía en el cielo o en el infierno. Una alegoría que me parecía excitante de escribir en torno a la misteriosa (o ridícula) ambivalencia de esta ciudad: ¿Es Cádiz el sitio perfecto donde vivir o la ciudad de donde huir en cuanto se pueda? ¿Cádiz es para comérsela o para vomitarla? ¿El paraíso en la tierra o el decadente culo del mundo? ¿Cielo o infierno?
En torno a esta contradicción se basaba todo el repertorio y la idea principal sobre la que articular la comparsa. Un punto de partida que me ponía como una moto. Fue un año que se afrontó con un especial optimismo. Las cosas, sin embargo, se terminarían torciendo y no iban a ser, ni con mucho, lo esperado. No sólo en el resultado artístico, sino tambien en el personal.
La base del grupo era la misma del año anterior, aunque había algunas incorporaciones nuevas, como un jovencísimo y debutante Suso a la guitarra (que finalmente no llegó al teatro, creo recordar que por los estudios). Se incorporó el gran Añoño, que  aún sigue aquí a nuestro lado desde entonces.
Los problemas, realmente, comenzaron con una cosa no demasiado trascendente, pero que empezó a hacernos perder un equilibrio que ya no lograríamos ese año recuperar. Cuando supimos que la comparsa Los Príncipes iba también de diablos, nuestra idea principal empezó a enfollonarse en nuestras cabezas, creo que especialmente en la de Lali y en la  mía (no tanto en la de Nene, al que la coincidencia parecía preocupar mucho menos). Comenzamos a dudar de nuestro tipo de diablos y poco a poco todo se fue haciendo confuso. Cambios de ideas en el disfraz, comentarios sobre esto y lo otro, la sombra larga de Juan Carlos sobrevolando nuestros miedos... Finalmente, Hoko, el artesano, nos propuso un disfraz extraño, más genio maléfico que diablo, que aceptamos un poco a la desesperada, creo que por no darle más vueltas al incómodo asunto de la coincidencia. Además, Hoko, como diseñador, tampoco se llegó a entender del todo con el sastre, el gran Pepe Berenguer y así la idea se iba alejando cada vez más de su punto de partida. La culpa evidentemtne, no era de ellos (que hicieron su trabajo estupendamente) sino de nuestra propia confusión.
El resultado pueden ustedes verlo en youtube aquí: una propuesta confusa en el disfraz y en la escenografía (esa esquina de Cádiz mitad infernal, mitad gloriosa que no se entendía nada) que oscureció y difuminó la idea central del repertorio hasta hacerla prácticamente incomprensible para el gran público. Tampoco yo ayudé mucho con las letras que escribí, pues si se trataba de exponer una idea tan compleja, ello requería (con el tiempo uno ve esas cosas) un poco más de claridad por mi parte (especialmente en la presentación, que es donde se explicaba la idea), y sin embargo yo opté puerilmente por la dificultad en los textos y la no-concesión: y me lo tuve que comer, merecidamente, con papas.  Quisiera explicarme: no es que esté yo descontento del repertorio que escribí ese año, cuyas letras me gustan aún hoy un montón (oigan, por ejemplo, el popurrit y díganme), pero sí que todo fue en general  un torpe error mío de comunicación, de perspectiva y de astucia de concurso (el engañoso "éxito" de la comparsa en los ensayos generales tampoco nos ayudó a ver las cosas con claridad, la verdad. ¡Cuidado con los ensayos generales en ese sentido!).
Creo que, en el fondo, Nene, Lali y yo estábamos bastante despistados con respecto al papel de nuestra comparsa en el COAC, lo que nos costó ser expulsados por vez primera de semifinales (a donde no regresaríamos ya hasta Las Cigarras). Para colmo jugamos nuestras cartas con la peor estrategia posible este año en la competición. No nos las vimos venir, estuvimos bastante torpes y, en fin, ya digo: cometimos cagada tras cagada.
La música de pasodoble de Nene, sin embargo, fue impecable. Resultó para mí un lujo escribir con ella letras como esta (que no se cantó, claro, en el teatro):

 "Compro oro" dice el cartel,
y a Juana le tiemblan las manos.
"Compro oro", dice el cartel
y Juana reniega de dios.
Y temblando vuelve a pensar
en su madre y en sus palabras
en la sala del hospital
de donde ya nunca salió.
Hija, puedo tan sólo
dejarte esta herencia:
un cordón y una esclava
que tuvo tu abuela.”
Un cordón y una esclava,
la madre y sus manos
de trabajadora,
tesoro guardado en humildes alcobas
de mujeres forjadas
en la necesidad.
Y Juana ve el cartel amarillo
y cruza la puerta y le falta el aire.
Lo que compra usted no es oro,
señor joyero, lo que usted compra
es la historia de mi madre.

Y esta otra letra, que es mi favorita, y que tampoco se cantó:

  Yo corbata no sé llevar
y nunca he vestido chaqueta
pero que cierre del Moral
me ha entristecido un pelín.
Ahora en Cadi no se va a ver
un escaparate tan limpio
y el trofeo vamos a tener
que ponerlo en el Burger King.
Los chicucos peligran
por el Mercadona,
Y el Merodio está en crisis
por mor del McDonald,
Los sostenes de Amalia
por el Woman Secret
están ya temblando.
A tantos paisanos
los vemos cerrando
que parece que Cadi
está en liquidación.
¡Qué pena! Los comercios pequeños del barrio
se mueren por nuestras esquinas,
y en Cadi poquito a poco
los condenamos ¡maldita sea!
a pudrirse en la ruina.

Finalmente, la comparsa casi se desmoronó durante el carnaval. Había un extraño mal rollo entre algunos componentes y, por último, con el anuncio de Lali de que, tras estar juntos cuatro años intensos, marchaba del barco para dirigir la comparsa, precisamente, de Juan Carlos, el grupo se disolvió. Parecía en aquellos momentos el fin de mi aventura con Nene, el fin de una etapa hermosa que hasta ahí llegaba. Sin embargo, era sólo el fin de un capítulo. Detrás de Los pobres diablos, como ustedes saben, la aventura aún iba a continuar.




miércoles, agosto 06, 2014

pólvora

Polvo somos, lo sabemos
y en pólvora nos convertiremos...

martes, agosto 05, 2014

comentario de texto (3)


Un poco más en torno a la comparsa La Bicentenaria que nos quedó sin apuntar en la anterior entrega de estos comentarios. Para este año, Nene lució su siempre asombroso y flexible talento compositivo (nunca del todo reconocido en la medida en que lo merecería) con una música de pasodoble hermosísima, reposada y de una delicada línea melódica (¡qué distinta de la música que nos regalaría sólo un año después!) que estaba perfectamente adecuada al tipo que intentábamos representar.
De la misma manera, por mi parte, no tardé en comprender que la forma de escribir los pasodobles requería en los textos ciertos modos suaves,es cierto que rotundos en sus ideas y sus argumentos, pero expresados por medio de un lenguaje sencillo, simple y hasta escritos con ternura (¡qué distinto del tipo de letras que hemos traído por ejemplo este año, con Los Gallitos!). Si repasan las letras cantadas en el concurso por esta comparsa, podrán comprobar lo que les digo.
Y es que realmente, cada repertorio tiene que ser escrito de la manera en que necesita ser escrito y no de otra. Cada idea pide su propio camino y su especial estilo de componer, en la música y en los textos. A esto me refería el otro día cuando hablaba de que La Bicentenaria nos parecía hoy, visto con distancia, un repertorio coherente: cada tipo, es decir, cada concepto o, mejor, cada personaje, ha de tener su propia forma en las músicas y en las letras. Hay ciertas maneras de decir las cosas que podría decir un “gallito”, pero que chocarían cantadas en boca de una ancianita. Y, por supuesto, lo mismo al revés: sería un poco extraño oír en boca de un gallito vasilón una letra como ésta, que es una de mis favoritas del repertorio de La Bicentenaria, y que tampoco se cantó en el teatro.


Cádiz dormidita en una placenta.
Cádiz sin murallas, más que las del mar.
Este mar antiguo que es su vestimenta
cruzando la tarde
como cruza el viento en el Puente Canal.
Y un millón de olas lamiendo sus manos
y un millón de manos tocando su playa
y un millón de playas
que juegan a corro con el mismo mar.
Cádiz convoca a todos los vientos en asamblea,
Cádiz ardiendo en sus campanas de cristal
y yo la miro subidita en mi azotea
y el mar me dice: ¡Buenas tardes! ¿Cómo estás?
El sol naranja está bajando sus banderas.
Cierro los ojos y escucho el beso largo de las mareas.
Me bajo a casa, que está cayendo el relente
y hace un poco de poniente
y ya empieza a refrescar…
Y bajo dando gracias a esta vida
por dejarme que otro día
aguante esta viejecita
que vive enamoradita
de este cielo y de este mar.



Esto es algo que a menudo se descuida en algunos repertorios: la coherencia entre lo que se dice y como se dice y, sobre todo, quien lo dice. Hay tipos que permiten cierta flexibilidad, pero hay otros que, por purita coherencia, marcan en gran medida la manera en que ha de concebirse la música y, sin duda, los textos. Y, si me apuran, la escenografía, aunque de esto creo que ya hablamos el otro día.
Y como lo cortés no quita lo valiente, las viejecitas de La Bicentenaria no se cortaron un pelo a la hora de defender con contundencia el mensaje libertario que sus letras habían venido a decir y por eso, para acabar ya, les dejo aquí otro pasodoble también inédito (no recuerdo si el grupo llegó a ensayarlo) escrito al hilo de la ampliación del acuerdo que el gobierno de Zapatero firmó antes de irse con la OTAN y que reforzaba la presencia de EEUU en España en general y en nuestro suelo en particular:

Yanqui del demonio, vete de mi tierra,
levanta tus botas de mi litoral.
Garra de alimaña, garra de la guerra,
dictando la Historia con la tiranía y con la libertad.
El odio es un ciego guiando a otro ciego,
Perros de la muerte jugando con fuego,
escudo de sangre en las manos de un loco que tira a matar.
Fuera el Imperio y las estrellas de la OTAN.
Fuera las tropas de este suelo y de este mar.
Fuera el intruso que en el corazón de Rota
está incubando la crisálida del mal.
¿Quién es el necio que firmó nuestra ruina
y nos sigue encadenando con la Alianza más asesina?
¿Quien dice a Rota
que se entregue tan barato
pa que por cuatro contratos
venda así su libertad?
Yo quiero oír gritar a un pueblo entero
¡Fuera el Yanqui de mi suelo!
porque Rota no se deja
por un plato de lentejas
arrancar su dignidad.



domingo, agosto 03, 2014

comentario de texto (2)

El año anterior a Las Cigarras, nuestra comparsa se había llamado La Bicentenaria (2012). Fue un año muy especial para nosotros por muchos motivos. Primero, porque supuso el cambio de grupo que tan trascendental ha resultado finalmente para la manera de redefinir nuestra propio proyecto de comparsa. Fue, desde luego, un año de peculiar transición. Tras la marcha de la dirección de nuestro Vicente "Lali" Lázaro después de cuatro estupendos años juntos, intensos en complicidad y trabajo en equipo, nuestra comparsa pareció disolverse hasta que Nene, con sorpresa para mí, decidió a última hora formar grupo nuevo y comenzar una nueva etapa.
No andaba yo ese año con demasiadas ganas de comparsa, la verdad, pero, aunque sentía un poco de pereza por volver a empezar un proyecto nuevo, lo cierto es finalmente me animé a escribir La Bicentenaria básicamente por el hecho de que el tipo elegido representaba un ataque frontal al acontecimiento más fastuoso y a la vez venenoso que agitaba ese año la vida de la ciudad: la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812. Así que, en realidad, no me lo pensé demasiado.
Por otro lado, ese año fue especial porque es cuando se formó el grupo actual de la comparsa y su nueva etapa. Era un puñado de gente joven, entusiasta y con una energía vocal muy fresca. Perfecto para trabajar con ellos la nueva idea. Repetían del grupo anterior el incombustible Leo, el fiel David Virlán y el gran Ale Melli. Pueden ustedes imaginar las caras que pusieron los jóvenes comparsistas cuando Nene les dijo que íbamos a ir vestidos ¡de viejecitas!
La cosa es que el grupo se adaptó perfectamente y puso lo mejor de sí para llevar adelante una idea difícil que, de todas todas, sabíamos que suponía ir de manera casi insensata a contracorriente contra los gustos del momento: una comparsa absolutamente sobria, a forillo negro, con un disfraz simple y oscuro y el único atrezzo de unas mecedoras en semicírculo que querían evocar un parlamento entre humilde, femenino, libertario y popular. Porque esa era la idea principal: presentar otra manera de entender los fastos del 2012 y reivindicar al pueblo frente al parlamentarismo burgués y elitista que tanto se nos pretendía hacer celebrar.
El resultado, ya lo saben, fue una comparsa que gustó sólo a una minúscula minoría, que pasó por el concurso sin pena ni gloria, entre la incomprensión y el rechazo, y que tuvo en su contra el simplón juicio general de "¡es que es muy triste, quillo!". Nosotros, por contra, a pesar del pobre resultado de público, crítica y concurso, acabamos muy satisfechos con la comparsa: un repertorio coherente, que dijo exactamente lo que venía a decir. Y el que lo coja, pa él.
A pesar de los intentos de "dulcificar" la escena (por ejemplo, ese final del popurrí con la viejecita soplando las velas rodeada de sus nietecillos, que aún así yo nunca vi del todo claro pues yo, ya puestos, no hubiera hecho ni siquiera esa concesión) el sambenito de comparsa visualmente "tristona" dificultó en exceso la posibilidad de que la gente se parara con atención a oír un mensaje que creíamos muy necesario decir ese año.
No hay de todas formas mucho que lamentar: Nene, el grupo y yo optamos por el camino difícil, así que, tal y como se asumió el riesgo, hubo también que aceptar deportivamente el resultado en el concurso. Estas cosas son así, y así hay que asumirlas sin victimismos ni pateleos.
Como ese año por razones de dinero (¡ay, siempre el dinero!) la comparsa no grabó CD y dado que sólo cantamos en el teatro cuatro pasodobles (preliminares y cuartos) fueron muchas las letras interesantes que quedaron en el tintero, es decir, en el libreto, y que poca gente llegó a conocer. Por ello, si les parece bien, en la próxima entrega volveré a comentar esta misma comparsa por si logro despertar en alguno de ustedes las ganas de volver a oírla, esta vez sin prejuicios, para redescubrir cosas que en su momento les pasaron inadvertidas.
De momento, aquí les dejo un par de pasodobles que me parecen interesantes. Este primero sobre los modos del neofascismo que ese año mostraba (y aún muestra) el gobierno de este país.

Tengo ya dos siglos, soy bicentenaria
y por eso mismo los conozco bien.

Han estado siempre rondando mis faldas
y en la historia han hecho muchísimo daño
y poquísimo bien.
Son los que gritaban Patria y Monarquía,
Vivan las cadenas y las jerarquías,
Dios, familia y orden,
que quemen los libros, que es malo leer.
Los que lamieron los botines del Tirano,
los que besaron el anillo a Monseñor,
los de la cruz y el catecismo en las escuelas,
los del Imperio donde no se pone el sol.
Son esos mismos que hoy agitan sus banderas
¡Que se prepare el obrero!
¡Viva la Banca y la Gran Empresa!
Maldito sea el socialismo de hojalata
porque en bandeja de plata
el país les entregó.
Por eso a esta vieja no le engañan,
yo conozco bien España
y no soy ninguna idiota: 
que hoy el Águila es Gaviota 
ya ver quién me dice que no.
O este otro, donde estaba uno haciendo purito aerobic poético-popular para mantener el músculo entrenado, y que no sé si en su momento hubiera o no gustado en el COAC. Ustedes dirán...
 Hay besos que suenan como un rompeolas
y hay besos callados que apagan la luz,
besos para una niña que se duerme sola.
Hay besos resecos y hay besos mojados de espuma y champú.
Besos de pan tierno cada mañanita.
Besos que son letras que no están escritas
y hay besos que quieren dejarte en la boca sellada una cruz.
Hay besos cortos que en verdad no son ni besos.
Hay besos largos tiritando en el andén.
Besos de rabia en las alcobas del secreto
Para dos amantes que se alejan otra vez.
Hay besos tontos, sin sentido ni criterio,
y hay besos que desearían
beberse el llanto en un cementerio .
Mientras hay besos con sabor a despedidas
otros son de bienvenida
y calientan más que el sol.
Los besos, los más mágicos y sabios
telegramas de los labios…
Pues de los besos que existen,
¡Ay, canalla! tú me diste
sólo el beso del traidor.